La reunión entre el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, evidenció el profundo deterioro del proceso diplomático iniciado tras la cumbre de Anchorage de 2025. Mientras Washington considera que las fórmulas planteadas entonces ya no ofrecen una base viable para avanzar hacia la paz, Moscú atribuye el fracaso de su aplicación a Ucrania y a sus aliados occidentales, aunque insiste en que sigue comprometido con los entendimientos alcanzados en Alaska.
MOSCÚ / WASHINGTON. El principal canal diplomático abierto durante el último año para intentar una salida negociada a la guerra en Ucrania atraviesa su momento más delicado. La reunión celebrada el jueves en Manila entre el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, puso de manifiesto que las posiciones de ambas potencias se han alejado considerablemente respecto de las expectativas generadas tras la cumbre de Anchorage, celebrada en Alaska en agosto de 2025.
Eco del Siglo había informado previamente sobre la convocatoria del encuentro entre Rubio y Lavrov, que tuvo lugar al margen de las reuniones ministeriales de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático.
Tras la conversación, Rubio reconoció que las propuestas discutidas anteriormente ya no resultan aceptables para Ucrania y afirmó que cualquier intento serio de reactivar las negociaciones requerirá “nuevas ideas”. De acuerdo con la transcripción oficial de sus declaraciones publicada por el Departamento de Estado, el jefe de la diplomacia estadounidense considera que el escenario ha cambiado y que las fórmulas contempladas después de Anchorage difícilmente podrían constituir ahora una base suficiente para un acuerdo.
Desde Moscú, sin embargo, la interpretación es diferente. Lavrov calificó de “fracaso” el intento de aplicar los entendimientos alcanzados en Anchorage, pero responsabilizó a Kiev y a sus aliados occidentales de haber impedido que prosperaran. Según el ministro ruso, Estados Unidos no consiguió convencer al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, de aceptar la propuesta presentada después de la reunión entre Donald Trump y Vladímir Putin.
El canciller ruso vinculó además el estancamiento del proceso con la continuidad del apoyo militar y de inteligencia occidental a Ucrania. Estas afirmaciones representan la posición de Moscú y no han sido aceptadas por Washington ni por Kiev.
En su comunicado oficial sobre la reunión de Manila, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso sostuvo que Lavrov y Rubio intercambiaron posiciones sobre la guerra y abordaron las perspectivas de una solución política. La diplomacia rusa reiteró asimismo su adhesión a los entendimientos alcanzados en Alaska, lo que impide hablar de una ruptura formal o de un abandono conjunto del proceso.
Los compromisos discutidos durante la cumbre de Anchorage nunca fueron publicados íntegramente. Por esa razón, no existe un documento oficial que permita determinar con precisión todas las condiciones territoriales, militares y de seguridad consideradas por Trump y Putin.
Diversas versiones periodísticas sostuvieron que las conversaciones incluyeron posibles concesiones territoriales de Ucrania, particularmente en el Donbás. Sin embargo, esas versiones nunca se tradujeron en un acuerdo público aceptado por Kiev ni pueden atribuirse como posición formal conjunta de Washington y Moscú.
El proceso comenzó a perder impulso durante los primeros meses de 2026, mientras la guerra entre Estados Unidos e Irán desplazaba parte de la atención diplomática de Washington. Eco del Siglo informó sobre la prolongación de esa escalada militar y sus consecuencias regionales.
Pese a las diferencias expuestas en Manila, ninguna de las dos potencias anunció una ruptura formal del diálogo. Rusia continúa defendiendo los entendimientos de Anchorage como una referencia válida, mientras Estados Unidos considera necesario elaborar nuevas propuestas que puedan resultar aceptables para las partes.
La posición ucraniana, por su parte, continúa centrada en exigir una paz que preserve su soberanía y esté acompañada por garantías de seguridad. En sus comunicaciones oficiales más recientes, la Presidencia de Ucrania ha reiterado que Kiev está dispuesta a trabajar para poner fin a la guerra, pero sostiene que Rusia debe afrontar una presión creciente para aceptar una solución.
El intercambio de posiciones confirma que el proceso iniciado en Anchorage atraviesa una profunda crisis política y diplomática. Aunque los canales de comunicación permanecen abiertos, Washington y Moscú discrepan incluso sobre las razones por las que las negociaciones no prosperaron.
Estados Unidos entiende que el cambio del escenario obliga a construir un nuevo marco negociador. Rusia sostiene, en cambio, que el problema no radicó en los entendimientos alcanzados por Trump y Putin, sino en la negativa ucraniana a aceptarlos y en el respaldo occidental a Kiev.
Por el momento, no existe una hoja de ruta consensuada que permita vislumbrar una reanudación inmediata de las negociaciones de paz.

