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Estados Unidos pausa los ataques contra Irán, pero mantiene el bloqueo naval mientras avanza la vía diplomática

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Washington y Teherán completaron una segunda jornada sin nuevos ataques directos de gran escala, después de casi dos semanas de bombardeos estadounidenses. La interrupción de las hostilidades abre una oportunidad para la mediación de Omán, Pakistán y Catar, pero Estados Unidos conserva el bloqueo de los puertos iraníes y ninguna de las partes ha aceptado todavía un alto el fuego formal.

WASHINGTON / TEHERÁN.— Estados Unidos mantuvo este domingo el bloqueo naval contra los puertos iraníes, pese a haber suspendido por segundo día consecutivo sus ataques aéreos contra la República Islámica, en una pausa todavía frágil que ha permitido reactivar los esfuerzos diplomáticos para impedir una nueva escalada regional.

Irán también interrumpió durante ese periodo sus ataques directos de mayor escala, después de casi dos semanas de intercambios militares. La ausencia de nuevas ofensivas constituye la señal de distensión más importante desde que se reanudó la confrontación, aunque ninguna de las partes ha anunciado un alto el fuego formal ni ha aceptado públicamente las condiciones de la otra.

La pausa estadounidense llegó después de trece noches consecutivas de bombardeos contra objetivos iraníes, una ofensiva cuya última fase alcanzó instalaciones militares, navales, logísticas y de infraestructura situadas tanto en las provincias costeras como en zonas del interior del país.

The Associated Press informó que Washington decidió abstenerse de atacar durante una segunda jornada consecutiva, mientras Teherán adoptó una pausa similar. La agencia advierte, sin embargo, que las causas profundas de la guerra —entre ellas el programa nuclear iraní, la seguridad marítima y el control del estrecho de Ormuz— permanecen sin resolver.

La nueva situación representa un cambio respecto de la escalada registrada hasta el viernes. Eco del Siglo informó el 25 de julio que las fuerzas estadounidenses habían completado su decimotercera noche consecutiva de ataques, mientras Irán extendía sus operaciones contra objetivos vinculados a Estados Unidos en distintos países de la región.

El bloqueo naval continúa

La suspensión de los bombardeos no ha supuesto el levantamiento del bloqueo estadounidense de los puertos iraníes.

El Comando Central de Estados Unidos anunció que las fuerzas estadounidenses reanudarían desde el 14 de julio las operaciones destinadas a bloquear el tráfico marítimo que entra o sale de puertos iraníes.

La medida fue restablecida después de que Washington acusara a Irán de atacar embarcaciones comerciales en el estrecho de Ormuz y de incumplir los compromisos alcanzados durante la anterior pausa de las hostilidades.

Desde entonces, las fuerzas estadounidenses han desviado, inspeccionado o abordado buques considerados sospechosos de incumplir las restricciones. La Armada aconsejó además a los navegantes mantenerse atentos a los avisos marítimos y comunicarse con las unidades estadounidenses cuando operen en el golfo de Omán o en los accesos al estrecho.

La versión oficial estadounidense sostiene que el bloqueo está dirigido contra el tráfico vinculado a los puertos iraníes y no contra toda la navegación internacional por Ormuz. Teherán, sin embargo, rechaza que Washington pueda imponer unilateralmente esas condiciones en una de las rutas comerciales más sensibles del mundo.

La continuidad del bloqueo demuestra que la actual pausa no constituye una retirada militar estadounidense. Washington ha detenido provisionalmente la campaña aérea, pero conserva un instrumento de presión capaz de dificultar las importaciones y exportaciones iraníes y de condicionar las negociaciones.

Omán intenta asegurar la navegación por Ormuz

La interrupción temporal de los ataques ha permitido intensificar las gestiones diplomáticas encabezadas por Omán, país que mantiene canales de comunicación con Washington y Teherán.

Representantes omaníes e iraníes han celebrado conversaciones técnicas destinadas a encontrar un mecanismo que facilite el paso seguro de embarcaciones por el estrecho de Ormuz. Las negociaciones buscan reducir el riesgo de nuevos ataques y establecer condiciones aceptables para la circulación comercial.

Associated Press señala que los mediadores intentan recuperar alguna forma de tregua provisional y facilitar una navegación más libre por el estrecho, aunque todavía no existe un acuerdo definitivo.

Pakistán y Catar también participan en las gestiones diplomáticas. La prioridad inmediata no parece ser la resolución completa de las disputas entre Estados Unidos e Irán, sino impedir que se reanuden los ataques y establecer un mecanismo provisional de seguridad marítima.

Las conversaciones se desarrollan en un contexto especialmente complejo. Irán reclama capacidad para regular la navegación cercana a sus costas, mientras Estados Unidos sostiene que el estrecho debe permanecer abierto al tráfico internacional sin condiciones impuestas por Teherán.

Antes de la guerra, aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado mundialmente transitaba por Ormuz. La alteración de esa ruta ha reducido el movimiento de petroleros, encarecido los seguros marítimos y contribuido a la volatilidad del mercado energético.

Una pausa, pero todavía no un alto el fuego

La ausencia de nuevos ataques durante dos jornadas representa una modificación significativa de la dinámica militar, pero no permite hablar todavía de una desescalada consolidada.

Estados Unidos mantiene desplegadas sus fuerzas navales y aéreas, conserva el bloqueo y no ha descartado reanudar los bombardeos. Irán tampoco ha renunciado públicamente a sus pretensiones sobre el estrecho ni ha aceptado las exigencias estadounidenses.

La tregua actual debe entenderse, por tanto, como una pausa táctica que concede tiempo a los mediadores. Su continuidad dependerá de que ambas partes eviten nuevos ataques contra embarcaciones, instalaciones militares y objetivos regionales.

La situación también estará condicionada por las divisiones dentro del poder iraní, por las decisiones de la administración estadounidense y por las consultas de Washington con Israel y sus aliados árabes.

La guerra se extiende hacia el mar Rojo

Aunque el golfo Pérsico permaneció relativamente tranquilo durante la pausa, la crisis se extendió hacia otras áreas.

Los hutíes de Yemen, aliados de Irán, reivindicaron ataques contra instalaciones petroleras saudíes situadas cerca del mar Rojo. Arabia Saudita respondió mediante operaciones contra posiciones hutíes, poniendo en peligro la tregua informal que había reducido durante varios años la intensidad de la guerra yemení.

Reuters informó que los hutíes atacaron objetivos vinculados a Saudi Aramco en Jizán y Yanbu, mientras las fuerzas saudíes interceptaron parte de los proyectiles y posteriormente bombardearon posiciones en Yemen.

La extensión de las hostilidades al mar Rojo aumenta el riesgo sobre Bab el-Mandeb, el paso marítimo que conecta el océano Índico con el canal de Suez y el Mediterráneo.

Una alteración simultánea de Ormuz y Bab el-Mandeb afectaría dos de los corredores fundamentales del comercio energético mundial. La amenaza por sí sola puede elevar los costes de transporte y seguros, aun cuando los pasos no se encuentren completamente cerrados.

El petróleo sigue expuesto a la incertidumbre

La pausa militar podría reducir temporalmente la presión sobre los precios del petróleo, pero el mercado continúa expuesto a una eventual reanudación de los ataques.

El tráfico marítimo por Ormuz permanece muy por debajo de sus niveles anteriores a la guerra. Datos citados por Reuters mostraron que el movimiento de grandes petroleros y las transferencias de crudo en el golfo de Omán disminuyeron de manera considerable durante julio.

El 23 de julio, Eco del Siglo analizó la subida del Brent hasta rozar los 95 dólares y las consecuencias que una interrupción prolongada de Ormuz podría provocar sobre la inflación, el transporte y las decisiones de los bancos centrales.

La jornada siguiente, el petróleo llegó a superar los 100 dólares antes de retroceder, en medio de informaciones sobre posibles iniciativas diplomáticas. Esa volatilidad demuestra que los mercados reaccionan tanto a las operaciones militares como a cualquier señal de negociación.

Una apertura estable del estrecho disminuiría los riesgos inmediatos para el abastecimiento. No obstante, mientras persistan el bloqueo estadounidense, las amenazas iraníes y la expansión de las hostilidades hacia el mar Rojo, la energía continuará siendo uno de los principales canales de transmisión internacional del conflicto.

Diplomacia bajo presión militar

La estrategia estadounidense combina actualmente la suspensión de los bombardeos con la continuidad del bloqueo naval.

Washington concede espacio a las negociaciones, pero mantiene sobre Irán una presión militar y económica considerable. La administración estadounidense parece confiar en que el coste del bloqueo y el deterioro del comercio marítimo impulsen a Teherán a aceptar condiciones sobre la navegación y sobre una futura tregua.

Irán, por su parte, procura evitar que su participación en las conversaciones sea interpretada como una capitulación. La pausa de sus ataques facilita la mediación, pero sus autoridades continúan defendiendo su derecho a intervenir en la seguridad del estrecho y a responder frente a las operaciones estadounidenses.

El resultado dependerá de si ambas partes pueden transformar la actual interrupción de los ataques en un acuerdo verificable. Por ahora, existe una oportunidad diplomática, pero no una solución política.

Estados Unidos e Irán han dejado temporalmente de atacarse de manera directa, pero el bloqueo naval, los despliegues militares y la disputa sobre Ormuz mantienen intacta la posibilidad de una nueva escalada.

Eco del Siglo — Geopolítica. Con información de Associated Press, Reuters y el Comando Central de Estados Unidos.

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