Rusia rechaza una tregua en el mar Negro mientras aumenta la preocupación por el comercio mundial de cereales

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Moscú descartó este viernes una moratoria parcial de las hostilidades marítimas propuesta en medio de los esfuerzos diplomáticos de Turquía. Los ataques contra puertos y buques comerciales han comenzado a afectar las exportaciones agrícolas de Rusia y Ucrania y aumentan la preocupación por los precios internacionales de los alimentos.

MOSCÚ/KIEV.— Rusia rechazó este viernes 14 de agosto la posibilidad de establecer una tregua limitada en el mar Negro, mientras aumenta la preocupación internacional por los efectos de los ataques contra puertos y buques comerciales sobre las exportaciones mundiales de cereales.

La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Maria Zakharova, sostuvo que Moscú no considera apropiado recurrir a lo que calificó de medidas parciales que puedan proporcionar un respiro temporal a Ucrania. La diplomática acusó además a Kiev de realizar ataques deliberados contra la navegación civil, una afirmación que corresponde a la posición oficial rusa.

Las declaraciones se produjeron después de que el ministro turco de Exteriores, Hakan Fidan, planteara la posibilidad de una moratoria de las operaciones militares en el mar Negro, en un intento por reducir los riesgos para la navegación comercial.

Zakharova afirmó, sin embargo, que Moscú no había recibido formalmente una propuesta turca en esos términos.

Al mismo tiempo, una fuente familiarizada con las conversaciones dijo a Reuters que Ucrania había transmitido mediante un tercero una propuesta para suspender mutuamente los ataques contra objetivos civiles en el mar Negro.

La diferencia entre ambas versiones no permite establecer que Moscú haya recibido formalmente la iniciativa diplomática comunicada por Kiev. Rusia, por ahora, ha rechazado públicamente la posibilidad de adoptar una tregua marítima limitada.

El mar Negro vuelve al centro de la seguridad alimentaria

La escalada adquiere una importancia que supera ampliamente el frente militar ruso-ucraniano.

Rusia y Ucrania son actores fundamentales del mercado agrícola internacional, y las rutas del mar Negro constituyen una de las principales vías de salida de trigo, maíz, aceite de girasol y otros productos agrícolas hacia Europa, África, Oriente Medio y Asia.

La intensificación de los ataques contra infraestructuras portuarias y buques comerciales durante las últimas semanas ha comenzado a alterar esos flujos.

Según datos citados por Reuters, las exportaciones ucranianas de grano habían caído aproximadamente un 76 % interanual en lo que iba de agosto, en momentos en que la capacidad de los grandes puertos ucranianos del mar Negro se encuentra fuertemente restringida.

La magnitud del problema resulta especialmente significativa porque aproximadamente el 90 % de las exportaciones ucranianas de trigo, maíz y semillas de girasol utilizan habitualmente las rutas del mar Negro.

Ucrania representa además alrededor del 6 % del comercio mundial de trigo y del 11 % del comercio mundial de maíz, según datos recogidos por Reuters, por lo que una interrupción prolongada puede tener repercusiones mucho más allá de Europa oriental.

Ataques contra puertos de ambos países

Los riesgos para el comercio marítimo no proceden únicamente de un lado del conflicto.

Rusia ha intensificado durante las últimas semanas sus ataques contra puertos e infraestructura logística del sur de Ucrania, mientras Kiev ha realizado operaciones contra instalaciones portuarias y energéticas rusas.

Uno de los ataques más recientes alcanzó Izmail, sobre el Danubio, una instalación particularmente importante para Ucrania desde que las rutas tradicionales del mar Negro comenzaron a enfrentar mayores dificultades.

El ataque ruso del 13 de agosto dañó infraestructura portuaria y provocó interrupciones eléctricas en el sureste de la ciudad.

El problema se agrava porque el Danubio se convirtió, desde el inicio de la guerra, en una de las principales rutas alternativas para las exportaciones agrícolas ucranianas.

Las autoridades también enfrentan actualmente niveles excepcionalmente bajos del río, lo que reduce la capacidad de determinados buques y complica todavía más el transporte de mercancías.

Ucrania, por su parte, ha atacado instalaciones rusas relacionadas con la actividad portuaria del mar Negro.

Una operación ucraniana contra Novorossiysk, uno de los principales centros rusos de exportación de cereales y energía, generó nuevas preocupaciones sobre el abastecimiento internacional.

La combinación de ataques contra instalaciones rusas y ucranianas aumenta el riesgo de que ambos grandes exportadores agrícolas sufran simultáneamente interrupciones logísticas.

Turquía advierte sobre la seguridad alimentaria

Turquía observa la escalada con especial preocupación.

El Ministerio de Asuntos Exteriores turco advirtió el 4 de agosto que la extensión de la guerra hacia la navegación civil en el mar Negro podría provocar consecuencias negativas para la seguridad alimentaria.

Ankara formuló esa advertencia después de que los buques civiles de propiedad turca Yaşar y Nadezhda fueran atacados tras abandonar el puerto ruso de Novorossiysk.

Turquía pidió entonces a las partes adoptar medidas concretas para garantizar la seguridad de la navegación.

Su preocupación tiene una dimensión estratégica adicional: Turquía controla mediante los estrechos del Bósforo y los Dardanelos la conexión entre el mar Negro y el Mediterráneo y mantiene relaciones diplomáticas y comerciales tanto con Rusia como con Ucrania.

Ankara desempeñó además un papel central, junto con Naciones Unidas, en las negociaciones que permitieron crear en 2022 la Iniciativa de Granos del Mar Negro.

Moscú descarta volver al antiguo acuerdo de cereales

La posibilidad de recuperar aquel mecanismo tampoco parece, por ahora, viable.

La Iniciativa de Granos del Mar Negro, acordada en Estambul el 22 de julio de 2022 por Ucrania, Rusia, Turquía y Naciones Unidas, permitió durante aproximadamente un año mantener abiertas rutas para la exportación de alimentos desde puertos ucranianos.

El mecanismo permitió sacar millones de toneladas de cereales y otros productos agrícolas desde Odesa, Chornomorsk y Yuzhny/Pivdennyi hacia los mercados internacionales.

Rusia puso fin a su participación en julio de 2023, al considerar que las condiciones relacionadas con la facilitación de sus propias exportaciones agrícolas y de fertilizantes no habían sido cumplidas.

Naciones Unidas confirmó entonces la retirada rusa.

Zakharova volvió a descartar este viernes que aquel esquema pueda ser simplemente restaurado y reiteró las objeciones rusas al funcionamiento que tuvo el acuerdo.

Los mercados de cereales reaccionan

Las tensiones ya están teniendo repercusiones en los mercados.

Los precios internacionales del trigo han mostrado una mayor volatilidad ante el riesgo de interrupciones en los principales puertos rusos y ucranianos.

La información sobre una posible tregua marítima llegó a moderar temporalmente las cotizaciones del trigo europeo, demostrando hasta qué punto los mercados siguen cada señal diplomática relacionada con la navegación en el mar Negro.

El efecto puede ser especialmente relevante para países importadores de África y Oriente Medio, donde el trigo procedente de Rusia y Ucrania ocupa tradicionalmente un lugar importante en el abastecimiento alimentario.

La situación del mar Negro adquiere además mayor relevancia porque coincide con perturbaciones en otras rutas comerciales internacionales.

Eco del Siglo viene siguiendo también la crisis del estrecho de Ormuz, donde la tensión militar ha afectado la circulación marítima y provocado fuertes oscilaciones de los mercados energéticos.

La coincidencia de tensiones en distintas rutas estratégicas aumenta la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro.

También se resiente el comercio energético

La crisis del mar Negro no afecta solamente a los cereales.

Las interrupciones provocadas por ataques ucranianos contra terminales rusas han comenzado a repercutir también sobre las exportaciones de petróleo desde la costa rusa.

Turquía redujo sus compras de crudo procedente de puertos rusos durante julio y se espera una nueva disminución durante agosto, según datos de navegación y operadores recogidos por Reuters.

Las importaciones turcas procedentes de los puertos rusos cayeron de alrededor de 1,2 millones de toneladas en junio a unas 900.000 toneladas en julio, mientras las entregas específicas desde el mar Negro se redujeron aproximadamente a la mitad.

La situación está obligando a Turquía a diversificar parcialmente sus fuentes de suministro, incluyendo importaciones menos habituales desde otros países.

Un nuevo obstáculo para la diplomacia

La negativa rusa a aceptar una tregua marítima parcial no significa necesariamente que hayan terminado todos los esfuerzos diplomáticos.

Turquía continúa promoviendo fórmulas destinadas a reducir los riesgos para la navegación y preservar los flujos comerciales.

Pero las posiciones permanecen alejadas.

Como informó Eco del Siglo el 25 de julio, las negociaciones más amplias sobre una salida política a la guerra atraviesan una etapa de profundo estancamiento, con diferencias sustanciales entre Moscú, Kiev y sus interlocutores occidentales.

La presión económica sobre Rusia también ha aumentado. El Senado estadounidense aprobó recientemente un amplio paquete de sanciones que contempla nuevas restricciones y la posibilidad de imponer aranceles a grandes compradores de energía rusa.

La crisis marítima introduce ahora otro componente en esa ecuación.

Mientras Ucrania intenta mantener abiertas sus rutas agrícolas, Rusia denuncia los ataques contra su propia navegación e infraestructura y Turquía busca evitar una escalada que pueda comprometer todavía más el comercio.

La negativa de Moscú a una tregua en el mar Negro mantiene así uno de los principales corredores de alimentos y energía del mundo sometido a una creciente incertidumbre.

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