Ginebra / Puerto Sudán — 6 de julio de 2026
Las Naciones Unidas han encendido todas las alarmas sobre la situación en Sudán, donde el fondo para la infancia (Unicef) advirtió este lunes que al menos 330 niños han muerto o resultado heridos en lo que va de 2026 en la guerra que enfrenta al ejército sudanés con los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). El aviso coincide con una «alerta roja» emitida por el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, ante el temor de que la ciudad de El Obeid, capital del estado de Kordofán del Norte, se convierta en escenario de una nueva matanza de civiles.
Los niños, entre las principales víctimas
Según Unicef, los menores están muriendo y resultando heridos en sus propias casas, en las carreteras, en los mercados y mientras intentan acceder a servicios básicos como la escuela o la atención médica. El director de la agencia en Sudán, Sheldon Yett, subrayó en un comunicado la magnitud de una violencia que alcanza a los niños en todos los espacios de su vida cotidiana.
El uso masivo de drones por parte de ambos bandos se ha convertido en uno de los factores más letales del conflicto. Estos dispositivos han causado la muerte de más de un millar de personas desde comienzos de año. Según el comunicado de Unicef, en el estado de Kordofán del Norte los ataques con drones y otras ofensivas provocaron desde mayo de 2026 más de 35 víctimas infantiles —al menos 18 niños muertos y más de 17 heridos, con edades comprendidas entre los dos meses y los 17 años—, de las cuales cerca del 60% se atribuyen a los drones. En una estimación referida al conjunto de los primeros cuatro meses de 2026, la subdirectora ejecutiva de la agencia, Hannan Sulieman, había elevado ante el Consejo de Seguridad esa proporción hasta cerca del 80% de las bajas infantiles vinculadas a estos dispositivos, y resumió el efecto en cadena de la violencia: en Sudán, señaló, un ataque no termina cuando cesa la explosión, ya que un solo impacto puede privar a los niños de agua potable, atención sanitaria, educación y protección.
En términos acumulados, la ONU ha verificado más de 5.700 violaciones graves contra menores desde el estallido de la guerra, y calcula que unos 825.000 niños menores de cinco años podrían sufrir desnutrición aguda grave a lo largo de este año. Alrededor de cinco millones de niños se encuentran desplazados dentro del propio territorio sudanés.
El Obeid, «al borde de una atrocidad»
El foco inmediato de preocupación es El Obeid, una ciudad de alrededor de medio millón de habitantes que acoge además a cerca de 100.000 personas desplazadas por la guerra. La urbe, situada en una ruta estratégica que conecta las zonas controladas por las FAR en la región occidental de Darfur con los territorios en manos del ejército en el este, ha sufrido en las últimas semanas los ataques paramilitares más intensos desde el inicio del asedio.
Los bombardeos con drones se han dirigido de forma reiterada contra infraestructuras civiles: centrales eléctricas, depósitos de combustible, redes de suministro de agua, escuelas, mercados y hospitales. Los cortes de electricidad y la paralización de las bombas de agua han provocado una escasez crítica de agua potable. La oficina de derechos humanos de la ONU documentó quince ataques con drones sobre El Obeid y sus alrededores entre el 6 y el 28 de junio, con un saldo de al menos 45 civiles muertos y otros 41 heridos. Türk describió a una población sometida a condiciones de asedio durante dieciocho meses y golpeada por ataques incesantes, y advirtió que la ventana para evitar una escalada mayor se está «cerrando rápidamente».
En su intervención ante un debate urgente del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra el viernes pasado —convocado a petición del Reino Unido en nombre de un grupo de países—, el Alto Comisionado sostuvo que las señales procedentes de la ciudad son inequívocas y que se trata de una alerta que debería llegar a los despachos de los jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo. La representante británica, Eleanor Sanders, afirmó que las FAR ya habían sembrado la destrucción a su paso por El Fasher y que ahora El Obeid se encuentra «al borde de una atrocidad».
El precedente de El Fasher
El temor de la ONU se apoya en un antecedente reciente y sangriento. En octubre de 2025, las FAR tomaron El Fasher, último gran bastión del ejército en la región de Darfur, en una ofensiva marcada por denuncias de ejecuciones masivas y atrocidades contra la población civil. La Misión Independiente Internacional de Determinación de los Hechos para Sudán concluyó en febrero de 2026 que aquel asalto presentó «las características del genocidio» contra grupos étnicos no árabes como los fur y los zaghawa; distintas estimaciones citadas por la ONU y organizaciones de derechos humanos calculan que al menos 6.000 personas murieron en las primeras 72 horas tras la caída de la ciudad. Un informe de Amnistía Internacional difundido a comienzos de julio sostuvo, por su parte, que las FAR cometieron crímenes de lesa humanidad y limpieza étnica durante esa campaña.
Los organismos internacionales temen que El Obeid corra la misma suerte. El jefe de misión en Sudán de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Mohamed Refaat, advirtió desde Puerto Sudán que, de no actuar de inmediato, el mundo podría presenciar «otro El Fasher» y el desplazamiento de medio millón de personas o más. La propia OIM ha registrado que el número de nuevos desplazados en Kordofán ha aumentado en casi dos tercios en apenas tres meses.
Una guerra en su cuarto año
El conflicto sudanés estalló en abril de 2023, cuando las tensiones entre el ejército regular, encabezado por el general Abdel Fatah al Burhan, y las FAR, lideradas por Mohamed Hamdan Daglo («Hemedti») —antiguos aliados en el poder—, derivaron en una guerra abierta. Kordofán, rica en yacimientos petroleros y bastión de algunos de los aliados paramilitares más poderosos, se ha mantenido como uno de los principales campos de batalla. La contienda, que ya ha entrado en su cuarto año, deja más de 200.000 muertos según estimaciones de organizaciones humanitarias, y ha provocado lo que la ONU describe como la mayor crisis humanitaria del mundo, con millones de personas desplazadas y amenazadas por el hambre.
Türk señaló que la mayor responsabilidad por el sufrimiento recae en los líderes de las partes en conflicto, pero apuntó también a actores extranjeros que, dijo, se benefician de la carnicería, sin nombrarlos. Organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional han sido más explícitas y señalan reiteradamente a los Emiratos Árabes Unidos como principal respaldo militar externo de las FAR, algo que Abu Dabi niega. Un grupo de países europeos —Reino Unido, Alemania, Irlanda, Países Bajos y Noruega— presentó ante el Consejo de Derechos Humanos, integrado por 47 Estados, un proyecto de resolución que condena con firmeza la escalada de violencia de las FAR, denuncia el uso del hambre como método de guerra, reclama un alto el fuego inmediato y completo de todas las partes y el fin de toda injerencia externa, y encomienda a la Misión de Determinación de los Hechos una investigación urgente sobre los abusos en El Obeid. El texto estaba previsto que se sometiera a votación el lunes 6 de julio.
Este cable fue elaborado a partir de un despacho de Deutsche Welle (DW) y verificado y ampliado mediante contraste con fuentes primarias y agencias (comunicado de Unicef del 6 de julio de 2026, informes y declaraciones de la OACDH, la OIM, la Misión Independiente de Determinación de los Hechos para Sudán, el Consejo de Seguridad y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, así como Al Jazeera, France 24, ABC News, The Washington Post, Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Radio Dabanga, AFP y AP) disponible hasta el 6 de julio de 2026. Las cifras proceden de estimaciones de la ONU y de organizaciones humanitarias y pueden variar según la fuente y el momento del recuento; algunas, como el total de víctimas mortales de la guerra, son aproximaciones. La situación sobre el terreno continúa desarrollándose.

