Tokio y Washington compraron yenes de manera coordinada después de que la moneda japonesa se acercara a las 164 unidades por dólar. La operación provocó una fuerte recuperación de la divisa, pero no elimina las presiones derivadas de la diferencia entre las tasas de interés de Japón y Estados Unidos.
TOKIO / WASHINGTON.— Japón y Estados Unidos confirmaron este lunes una intervención coordinada en el mercado de divisas para contener la caída del yen, en una operación excepcional que refleja la creciente preocupación de ambos gobiernos por la depreciación de la moneda japonesa y sus posibles repercusiones sobre los mercados financieros internacionales.
La ministra japonesa de Finanzas, Satsuki Katayama, informó que el Ministerio de Finanzas de Japón compró yenes el viernes 31 de julio, en coordinación con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
La operación buscó contrarrestar lo que Tokio describió como una etapa de “volatilidad excesiva” y movimientos desordenados de la moneda japonesa. La intervención se produjo después de que el yen se aproximara a las 164 unidades por dólar, su nivel más bajo en aproximadamente cuatro décadas. (Ministerio de Finanzas de Japón)
“No dudaremos en realizar nuevas intervenciones conjuntas”, afirmó Katayama, al destacar que Tokio mantiene una comunicación estrecha con las autoridades estadounidenses.
La declaración oficial también señala que Japón prevé utilizar en el futuro la facilidad de acuerdos de recompra para autoridades monetarias extranjeras e internacionales de la Reserva Federal, conocida como FIMA Repo Facility. Este mecanismo permite a bancos centrales y autoridades monetarias obtener dólares temporalmente utilizando títulos del Tesoro estadounidense como garantía. (Ministerio de Finanzas de Japón)
El yen se aleja de sus mínimos históricos
La confirmación de la intervención impulsó una nueva apreciación del yen durante la sesión asiática.
La moneda japonesa avanzó más de un 1 % y llegó a negociarse alrededor de 155,20 yenes por dólar, su nivel más fuerte desde comienzos de mayo. Posteriormente moderó parte de sus ganancias y volvió a situarse por encima de las 156 unidades por dólar. (Reuters)
El avance del lunes prolongó la recuperación iniciada durante las últimas sesiones de la semana anterior. El yen acumuló una subida superior al 3 % en dos jornadas, después de haberse debilitado hasta niveles cercanos a 164 por dólar.
El movimiento se vio amplificado por el cierre de posiciones especulativas. Numerosos operadores habían apostado por una depreciación adicional de la moneda japonesa y se vieron obligados a recomprar yenes cuando la intervención alteró bruscamente la dirección del mercado.
La operación transmite así una advertencia directa a los fondos que habían acumulado posiciones contra la divisa: las autoridades de las dos mayores economías implicadas en el cruce dólar-yen están dispuestas a actuar conjuntamente.
La primera intervención coordinada desde 2011
La acción representa la primera intervención cambiaria conjunta de Japón y Estados Unidos desde 2011, cuando los países del Grupo de los Siete intervinieron después del terremoto y el desastre nuclear de Fukushima.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre ambas operaciones. En 2011, las autoridades vendieron yenes para detener una apreciación excesiva de la moneda japonesa. La intervención actual busca el objetivo contrario: comprar yenes para impedir que continúe su depreciación.
La última intervención estadounidense directamente comparable se produjo el 17 de junio de 1998, cuando las autoridades monetarias de Estados Unidos compraron aproximadamente US$833 millones en yenes para apoyar la moneda y acompañar los esfuerzos japoneses de estabilización económica. (Departamento del Tesoro de Estados Unidos)
La participación de Washington amplifica el mensaje político y financiero de la operación. Estados Unidos interviene muy pocas veces directamente en los mercados cambiarios y, durante las últimas décadas, ha defendido generalmente que los tipos de cambio deben ser determinados por el mercado.
En este caso, ambos gobiernos justificaron la acción por la velocidad y el carácter desordenado de la caída del yen, conforme a una declaración conjunta suscrita por sus ministros de Finanzas en septiembre de 2025.
Bessent respalda la intervención y presiona al Banco de Japón
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, confirmó la participación de Washington y aseguró que Estados Unidos tampoco dudará en sumarse a nuevas operaciones coordinadas.
Bessent expresó además su respaldo a las medidas monetarias y de mercado adoptadas por Tokio para corregir lo que calificó como una considerable infravaloración del yen.
Sus palabras fueron interpretadas también como una nueva presión sobre el Banco de Japón, al que el secretario estadounidense ha reclamado una política monetaria capaz de reducir la distancia entre los rendimientos japoneses y estadounidenses.
El Banco de Japón decidió el viernes mantener su principal tasa de interés alrededor del 1 %. La resolución fue aprobada por ocho votos contra uno, después de que uno de los integrantes del Consejo propusiera elevarla al 1,25 %. (Banco de Japón)
La decisión deja abierta la posibilidad de una nueva subida en septiembre. Tras conocerse la intervención, el rendimiento de los bonos japoneses a dos años llegó al 1,545 %, su nivel más alto desde 1995, debido a que los inversores aumentaron sus apuestas por un endurecimiento monetario más temprano.
Los montos todavía no son definitivos
El Gobierno japonés no reveló cuánto dinero utilizó en la intervención conjunta del viernes.
Los datos de liquidez publicados por el Banco de Japón permiten realizar aproximaciones, pero las cantidades definitivas solo podrán conocerse cuando el Ministerio de Finanzas divulgue sus estadísticas oficiales de intervención.
Una primera estimación indica que Japón pudo haber comprado hasta US$58.970 millones en yenes durante la intervención realizada el jueves 30 de julio.
Los datos correspondientes a una operación posterior sugieren compras adicionales de hasta US$36.580 millones, aunque ambas cifras deben considerarse provisionales. (Reuters)
Estas estimaciones se calculan comparando las previsiones de liquidez de las entidades financieras con los movimientos observados en las cuentas corrientes del Banco de Japón. Una salida de fondos mucho mayor de la anticipada suele ser interpretada como una señal de compras oficiales de yenes.
No obstante, esa metodología no permite determinar con absoluta precisión el tamaño de una intervención, por lo que las cantidades no deben presentarse todavía como cifras confirmadas.
La diferencia entre las tasas mantiene débil al yen
La depreciación de la moneda japonesa responde principalmente a la amplia diferencia entre las tasas de interés de Japón y Estados Unidos.
Aunque el Banco de Japón elevó gradualmente su tasa hasta el 1 %, los rendimientos estadounidenses continúan siendo considerablemente superiores. Esta diferencia permite a los inversionistas pedir préstamos en yenes a un costo relativamente reducido y colocar ese dinero en activos denominados en dólares u otras monedas con mayores rendimientos.
La estrategia, conocida como carry trade, incrementa la oferta de yenes en el mercado y ejerce presión sobre su cotización.
La gradual normalización monetaria japonesa no ha sido suficiente para neutralizar este incentivo. Reuters señala que la amplitud del diferencial de tasas continúa siendo uno de los principales factores que explican la fortaleza del dólar frente al yen. (Reuters)
A estas presiones se añaden las dudas del mercado sobre la política fiscal de la primera ministra Sanae Takaichi. Sus planes de estímulo, reducción de impuestos y expansión del gasto han aumentado la preocupación por el volumen de la deuda pública japonesa y por la capacidad del Banco de Japón para elevar sus tasas sin encarecer excesivamente el financiamiento del Estado.
Importaciones más caras y presión sobre los hogares
La debilidad cambiaria ofrece beneficios parciales a las grandes empresas exportadoras japonesas, porque aumenta en yenes el valor de sus ingresos obtenidos en el extranjero.
Sin embargo, también encarece las importaciones de energía, alimentos, materias primas y componentes industriales.
Japón depende ampliamente de las compras externas de petróleo y gas. Por esa razón, una combinación de yen débil y energía cara puede trasladarse con rapidez a los precios internos y reducir el poder adquisitivo de los hogares.
Eco del Siglo informó recientemente que la inflación volvió a afectar a la mayoría de las principales economías del mundo, en un contexto marcado por el encarecimiento de la energía, las tensiones comerciales y unas condiciones financieras todavía restrictivas.
El Banco de Japón reconoció en su informe de julio que la economía japonesa continúa recuperándose moderadamente, aunque con señales de debilidad. También advirtió que el aumento del petróleo puede reducir los beneficios empresariales y los ingresos reales de los hogares mediante un deterioro de los términos de intercambio. (Banco de Japón)
La posterior caída del crudo ofrece cierto alivio a Japón, uno de los mayores importadores energéticos del mundo. Eco del Siglo explicó que el petróleo se desplomó más de un 5 % tras la pausa de los ataques entre Estados Unidos e Irán, aunque el mercado continúa expuesto a la evolución del estrecho de Ormuz y de la seguridad en Oriente Medio.
Una intervención contundente, pero no definitiva
La intervención conjunta ha logrado apartar temporalmente al yen de sus mínimos de cuatro décadas y elevar considerablemente el riesgo de mantener posiciones especulativas contra la moneda japonesa.
La participación estadounidense otorga a la operación una dimensión que Japón difícilmente habría conseguido actuando en solitario. También demuestra que Washington considera que una depreciación desordenada del yen puede generar consecuencias más amplias sobre los bonos, el comercio y la estabilidad financiera internacional.
Sin embargo, las compras oficiales de divisas no modifican por sí mismas los fundamentos que impulsaron la caída.
Mientras persista una diferencia considerable entre las tasas de interés japonesas y estadounidenses, los operadores conservarán incentivos para financiarse en yenes y buscar mayores rendimientos en el exterior. Una recuperación duradera probablemente requerirá una combinación de nuevas intervenciones, tasas más altas en Japón, menores rendimientos en Estados Unidos o una modificación de las expectativas fiscales japonesas.
Por ahora, Tokio y Washington han demostrado que están dispuestos a utilizar sus recursos para evitar movimientos que consideran excesivos. La advertencia de que podrían intervenir nuevamente mantendrá bajo presión a los especuladores y convertirá al cruce entre el dólar y el yen en uno de los principales focos de atención de la economía mundial durante las próximas semanas.
Fuentes principales: Ministerio de Finanzas de Japón, Banco de Japón, Departamento del Tesoro de Estados Unidos y Reuters.

