El Brent cayó hasta los 91 dólares por barril y llegó a cotizar momentáneamente por debajo de los 90, mientras el WTI descendió hacia los 84 dólares. Los mercados reaccionaron con alivio a la interrupción temporal de los ataques, aunque el tráfico por el estrecho de Ormuz continúa bajo mínimos y la posibilidad de una nueva escalada mantiene elevada la incertidumbre.
LONDRES / NUEVA YORK, 27 de julio de 2026.— Los precios internacionales del petróleo se desplomaron más de un 5 % este lunes, después de que Estados Unidos e Irán pausaran sus ataques durante el fin de semana, una interrupción de las hostilidades que alimentó las expectativas de una salida diplomática y redujo temporalmente el temor a una perturbación todavía mayor del suministro energético procedente de Oriente Medio.
A las 08:04 GMT, los futuros del Brent, principal referencia internacional, caían 5,70 dólares, equivalentes al 5,9 %, hasta situarse en 91,08 dólares por barril. Durante las primeras operaciones, el contrato llegó incluso a descender por debajo de la barrera de los 90 dólares.
El West Texas Intermediate (WTI), referencia del mercado estadounidense, retrocedía 4,80 dólares, alrededor del 5,4 %, hasta los 84,51 dólares por barril. Ambas cotizaciones se encontraban en sus niveles más bajos en casi una semana, después de tres semanas consecutivas de avances.
Las cifras corresponden a una fotografía intradiaria del mercado y pueden variar a lo largo de la sesión antes del cierre definitivo de los contratos.
El mercado retira parte de la prima de riesgo
La caída supone un brusco cambio respecto de la evolución observada la semana pasada. El jueves, el Brent había cerrado por encima de los 100 dólares por primera vez desde mayo, impulsado por el intercambio de ataques, la reducción del tráfico por el estrecho de Ormuz y la extensión de las amenazas contra las rutas energéticas del mar Rojo.
El viernes ya había comenzado una corrección: el Brent terminó en 96,78 dólares, con un descenso del 3,88 %, mientras que el WTI cerró en 89,31 dólares, un 3,12 % menos. La pausa de los ataques durante el fin de semana profundizó este lunes la retirada de la denominada prima de riesgo geopolítico, es decir, el sobreprecio que los operadores incorporan ante la posibilidad de una interrupción futura del suministro.
Eco del Siglo había informado previamente que el petróleo rozó los 95 dólares mientras la guerra volvía a amenazar la economía mundial y que, días antes, el Brent había superado los 90 dólares ante el temor de una interrupción energética.
El descenso de este lunes no significa, sin embargo, que el conflicto haya terminado. El presidente estadounidense, Donald Trump, decidió suspender temporalmente los ataques para conceder más tiempo a la diplomacia, mientras Teherán comunicó que detendría sus propias operaciones siempre que Washington hiciera lo mismo.
La situación constituye, por tanto, una pausa condicionada de las hostilidades, no un acuerdo de paz ni un alto el fuego consolidado.
El antecedente inmediato puede consultarse en el cable de Eco del Siglo sobre la decisión de Estados Unidos de pausar los ataques contra Irán mientras avanzaba la vía diplomática.
Ormuz continúa lejos de la normalidad
Pese a la reducción de la tensión militar inmediata, el tránsito por el estrecho de Ormuz continúa extraordinariamente deprimido. Datos de seguimiento marítimo citados por Reuters mostraron que menos de diez buques de transporte de materias primas atravesaron diariamente el estrecho durante el fin de semana.
Las compañías navieras y aseguradoras permanecen cautelosas y podrían necesitar señales más firmes de seguridad antes de devolver sus embarcaciones a la zona. Por ello, cualquier recuperación del tráfico probablemente será lenta y parcial, incluso si la pausa de los ataques se prolonga.
La importancia del corredor explica la fuerte reacción del mercado. De acuerdo con la Administración de Información Energética de Estados Unidos, por Ormuz circularon en 2024 aproximadamente 20 millones de barriles diarios, equivalentes a cerca del 20 % del consumo mundial de petróleo y otros líquidos derivados.
El organismo estadounidense considera a Ormuz uno de los principales puntos críticos de la seguridad energética internacional porque existen muy pocas alternativas capaces de sustituir los volúmenes transportados por esa ruta.
Aunque Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos cuentan con oleoductos que permiten evitar parcialmente el estrecho, la capacidad disponible para desviar exportaciones es insuficiente para reemplazar completamente el flujo marítimo habitual.
El riesgo se extiende al mar Rojo
La pausa entre Washington y Teherán tampoco ha eliminado las amenazas sobre el mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, otra vía esencial para las exportaciones energéticas.
El tránsito marítimo por esa zona volvió a disminuir después de que los hutíes de Yemen atacaran instalaciones petroleras sauditas en la costa del mar Rojo. Arabia Saudita había recurrido precisamente a sus terminales occidentales para reducir su dependencia de Ormuz, por lo que una perturbación simultánea de ambos corredores limitaría considerablemente sus alternativas de exportación.
Analistas de Société Générale citados por Reuters estimaron que cada mes sin una solución para las alteraciones del mar Rojo podría añadir al menos 10 dólares por barril al precio del petróleo.
A ello se suman los ataques ucranianos contra instalaciones y embarcaciones petroleras rusas, otro factor capaz de mantener la oferta internacional bajo presión incluso si disminuye temporalmente la tensión en el golfo Pérsico.
Alivio para las bolsas y la inflación
La caída del crudo provocó una reacción favorable en los mercados financieros. Las bolsas internacionales avanzaron al disminuir el temor a que un encarecimiento prolongado de la energía reactivara la inflación y obligara a los bancos centrales a endurecer todavía más su política monetaria.
El índice europeo STOXX 600 subía cerca de un 0,5 %, mientras los futuros del S&P 500 avanzaban un 0,9 % y los del Nasdaq alrededor de un 1,5 %. Los sectores vinculados al consumo, los viajes y el transporte se beneficiaron especialmente del abaratamiento del petróleo, mientras las compañías energéticas registraron pérdidas.
Un petróleo más barato reduce los costes del transporte, la producción industrial y numerosas cadenas logísticas. También disminuye el riesgo de que el incremento de la gasolina, el diésel y otros derivados termine trasladándose al precio de los bienes y servicios.
Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense descendieron y los operadores redujeron ligeramente la probabilidad de una subida inmediata de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal, cuya decisión de política monetaria está prevista para este miércoles.
El movimiento no elimina las presiones inflacionarias, pero ofrece un alivio respecto de la situación de la semana pasada, cuando el Brent superó los 100 dólares y volvió a despertar el temor a una nueva conmoción energética mundial.
Una desescalada todavía frágil
El descenso del petróleo refleja que los mercados están concediendo credibilidad inicial a la posibilidad de una desescalada, pero todavía no confirma la normalización del suministro.
La continuidad de la caída dependerá de que la pausa militar se mantenga, de que las gestiones diplomáticas produzcan resultados verificables y de que los buques recuperen progresivamente la confianza para atravesar Ormuz.
Un nuevo ataque, una ruptura de los contactos o una ampliación de las hostilidades en el mar Rojo podrían devolver rápidamente al mercado la prima de riesgo retirada este lunes.
La corrección tampoco ha devuelto todavía las cotizaciones a los niveles anteriores a la última escalada. El Brent permanece por encima de los valores registrados al comenzar el ciclo más reciente de ataques, lo que indica que los operadores continúan incorporando una proporción significativa de incertidumbre.
El petróleo ha vuelto así a funcionar como uno de los principales termómetros de la crisis. La caída superior al 5 % proporciona un alivio inmediato para los mercados y la economía mundial, pero su sostenibilidad dependerá de que la pausa de las armas se transforme en una desescalada política efectiva y de que las rutas marítimas recuperen progresivamente su funcionamiento normal.

