NUEVA YORK.— Las acciones globales retrocedieron el viernes, afectadas por una nueva ola de ventas en las compañías vinculadas a la inteligencia artificial y por el fuerte aumento del precio del petróleo ante la intensificación del conflicto entre Estados Unidos e Irán.
En Wall Street, el índice S&P 500 cayó un 1,01 %, hasta los 7.475,69 puntos, mientras el promedio industrial Dow Jones perdió un 0,77 %, equivalente a 406,55 puntos, y terminó en 52.146,42 unidades. El Nasdaq Composite, de fuerte componente tecnológico, retrocedió un 1,40 % y cerró en 25.520,24 puntos.
Las compañías de semiconductores estuvieron entre las principales responsables de las pérdidas. El índice de chips de Filadelfia bajó un 1,6 %, encadenó su tercera jornada consecutiva de descensos y quedó aproximadamente un 20 % por debajo de su máximo reciente, nivel convencionalmente asociado con la entrada en un mercado bajista.
La presión sobre el sector tecnológico se intensificó ante las dudas de los inversores sobre las elevadas valoraciones de las empresas relacionadas con la inteligencia artificial y sobre la sostenibilidad de las inversiones de capital destinadas a chips y otras infraestructuras tecnológicas.
El lanzamiento de Kimi K3, un modelo de inteligencia artificial desarrollado por la empresa china Moonshot AI, reforzó además la percepción de que las compañías estadounidenses afrontarán una competencia creciente de sistemas de pesos abiertos capaces de rivalizar con los modelos occidentales.
Entre las empresas afectadas estuvieron Nvidia, Applied Materials y Micron Technology. Las acciones de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company cayeron un 7,3 % en Taiwán, pese a que el fabricante había informado de un crecimiento interanual de sus beneficios del 77 %. La reacción reflejó las altas expectativas acumuladas y la cautela de los inversores ante el volumen de inversiones realizadas por el sector.
Las pérdidas también alcanzaron a importantes mercados asiáticos. El índice Nikkei 225 de Tokio cayó un 4,03 %, hasta los 64.141,12 puntos, y entró en zona de corrección al quedar un 11,3 % por debajo de su máximo histórico de cierre del 25 de junio. El retroceso estuvo impulsado por la venta global de acciones tecnológicas y por los riesgos derivados del conflicto en Oriente Medio.
Paralelamente, el petróleo registró una fuerte subida después de que Estados Unidos ampliara sus ataques contra objetivos iraníes y Teherán respondiera con nuevas operaciones en países del golfo Pérsico.
El crudo Brent, referencia internacional, avanzó aproximadamente un 4,6 % y cerró en 88,10 dólares por barril, su nivel más alto en más de un mes. El movimiento reflejó el temor a que el conflicto provoque interrupciones prolongadas del tránsito por el estrecho de Ormuz, una ruta fundamental para el comercio energético mundial.
Las acciones del sector energético fueron las únicas que avanzaron entre los principales sectores estadounidenses. Al mismo tiempo, aumentó la demanda de bonos gubernamentales, empresas de servicios públicos y oro. Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense retrocedieron y el metal precioso subió ante la preocupación por el efecto inflacionario del encarecimiento de la energía y sus posibles consecuencias sobre las tasas de interés.
La combinación de dudas sobre las valoraciones tecnológicas y un petróleo más caro aumenta los riesgos para las perspectivas económicas. Si el encarecimiento de la energía persiste, podría trasladarse a los costos del transporte, los alimentos y la producción industrial, complicando las decisiones de los bancos centrales.
En el balance semanal, el S&P 500 perdió un 1,6 %, el Dow Jones retrocedió un 0,9 % y el Nasdaq acumuló una caída del 2,9 %. Pese a esas pérdidas, los tres índices todavía registran avances en lo que va de 2026.
La jornada mostró la sensibilidad de los mercados ante dos riesgos convergentes: una corrección más profunda de las acciones relacionadas con la inteligencia artificial y una escalada geopolítica capaz de alterar el suministro energético mundial.

