Publicado en Madrid en 1611, el Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias constituye uno de los grandes monumentos de la lexicografía histórica del español. Sus miles de voces combinan definiciones, propuestas etimológicas, refranes, autoridades, referencias bíblicas y clásicas y observaciones sobre las costumbres de su tiempo, de modo que el diccionario puede leerse también como un extraordinario archivo cultural del Siglo de Oro.
Autor: Sebastián de Covarrubias Orozco
Título: Tesoro de la lengua castellana o española
Fecha: 1611
Lugar de publicación: Madrid
Impresor: Luis Sánchez
Lengua: Español
Tipo de documento: Diccionario monolingüe / obra lexicográfica y etimológica
Formato: Folio
Sección: Lengua y Filología
Repositorios principales: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Universidad de Sevilla, Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico y Biblioteca Nacional de España
La obra
El Tesoro de la lengua castellana o española apareció en Madrid, en la imprenta de Luis Sánchez, en 1611. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes registra la edición original con una descripción física de [12], 602, 79 y 1 hojas, en formato folio, y reproduce digitalmente un ejemplar conservado en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla.
Covarrubias concibió una obra mucho más amplia que un repertorio destinado simplemente a indicar el significado de las palabras. Las entradas incorporan etimologías, refranes, referencias a escritores clásicos y a las Escrituras, noticias sobre costumbres, experiencias personales y comentarios del propio autor. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ha descrito precisamente el Tesoro como una obra híbrida entre diccionario y enciclopedia.
Su importancia histórica es excepcional. El Tesoro está considerado el primer gran diccionario general monolingüe del castellano, es decir, un repertorio en el que las voces españolas son explicadas en la propia lengua española. Estudios especializados lo consideran asimismo el primer diccionario de este tipo publicado en Europa para una lengua vernácula.
Valor filológico
La importancia del Tesoro no reside únicamente en haber reunido una enorme cantidad de vocabulario. Covarrubias pretendía explicar las palabras, reconstruir sus orígenes y relacionarlas con otras lenguas y tradiciones culturales.
El resultado ofrece una doble fuente de información. Por una parte, permite estudiar el léxico español de comienzos del siglo XVII; por otra, muestra las ideas lingüísticas de un erudito que trabajaba más de dos siglos antes de la consolidación de la lingüística histórica comparada.
Muchas de sus etimologías fueron posteriormente corregidas o abandonadas. Esto no disminuye el valor filológico de la obra, porque permite observar cómo se intentaba reconstruir la historia de las palabras utilizando los conocimientos disponibles en la Europa moderna temprana.
El Tesoro documenta así no solo la historia del español, sino también la historia de las ideas sobre el español.
Las palabras como documentos culturales
Muchas entradas contienen información que va mucho más allá de una definición estrictamente lingüística. Covarrubias puede comenzar explicando una voz y terminar hablando de un oficio, una comida, una práctica religiosa, un animal, una superstición, una institución, una ceremonia o una anécdota.
Esta amplitud convierte el diccionario en una fuente extraordinaria para reconstruir aspectos de la vida intelectual y cotidiana de comienzos del siglo XVII. Una palabra puede conducir a un refrán; el refrán, a una costumbre; y la costumbre, a una explicación histórica o moral.
Por ello, el Tesoro interesa también a la historia cultural, la literatura, la antropología histórica y los estudios sobre el Siglo de Oro. Sus definiciones permiten observar no solo qué palabras existían, sino qué asociaciones culturales podían acompañarlas.
Etimología antes de la lingüística histórica
La etimología ocupa una posición central en el proyecto de Covarrubias. Para reconstruir el origen de las palabras recurre con frecuencia al latín, griego, hebreo, árabe y diferentes lenguas romances, intentando establecer relaciones entre ellas.
El procedimiento pertenece a una etapa anterior a los métodos comparativos desarrollados posteriormente por la lingüística histórica. De ahí que convivan intuiciones acertadas con asociaciones que hoy resultan insostenibles.
El interés actual de esas propuestas no depende, por tanto, únicamente de comprobar si cada etimología es correcta. Permiten estudiar cómo un intelectual del siglo XVII entendía las relaciones entre las lenguas y qué recursos utilizaba para explicar el origen del vocabulario.
Incluso la presencia del francés dentro del Tesoro ha sido objeto de investigaciones específicas, tanto por las equivalencias que Covarrubias introduce como por su intento de relacionar las lenguas romances con un origen latino común.
Un diccionario que también narra
Las entradas del Tesoro presentan extensiones muy diferentes. Algunas son relativamente breves, mientras que otras se convierten en auténticos pequeños ensayos donde aparecen ejemplos, relatos, citas y comentarios del autor.
Esta libertad produce una experiencia de lectura muy distinta de la que ofrecen los diccionarios modernos. Covarrubias no desaparece detrás de una institución lexicográfica anónima: su voz permanece reconocible dentro de las definiciones.
Por ello, el lector debe utilizar la obra críticamente. El Tesoro documenta palabras y usos, pero también refleja los conocimientos, creencias, prejuicios y horizontes intelectuales de su autor y de la sociedad en la que vivió.
Originales digitales
Edición de Madrid, 1611 — Universidad de Sevilla
Sebastián de Covarrubias Orozco, Tesoro de la lengua castellana o española. Madrid, Luis Sánchez, 1611.
La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes permite acceder a una reproducción digital del ejemplar conservado en el Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla. El registro confirma autor, lugar, impresor, fecha, formato y procedencia del ejemplar.
Consultar directamente el Tesoro de 1611 en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Por qué consultarlo: permite recorrer una copia histórica de la edición príncipe y observar directamente la disposición original de las voces, la tipografía, los preliminares y la estructura material del volumen.
Ejemplar de la Universidad Complutense
La Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico conserva otra reproducción digital de la misma edición de 1611, procedente de la Universidad Complutense de Madrid.
El registro describe un volumen de [10], 602, 79 y [1] hojas, en formato folio, impreso a dos columnas y con escudo real xilográfico en la portada. La copia digital está disponible bajo licencia CC BY.
Consultar directamente el ejemplar de 1611 en la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico
Por qué consultarlo: permite comparar otro ejemplar conservado de la edición original y ofrece además la descarga directa de la reproducción completa en PDF.
Biblioteca Nacional de España
La Biblioteca Nacional de España conserva también un ejemplar de la edición de 1611, con signatura R/6388, registrado por la Biblioteca Virtual de la Filología Española.
La existencia de múltiples ejemplares digitalizados y catalogados tiene especial interés para la bibliografía material. Dos copias de una misma impresión pueden conservar diferencias derivadas de encuadernaciones, anotaciones manuscritas, pérdidas, restauraciones o intervenciones posteriores.
El Suplemento de Covarrubias
La historia del Tesoro no terminó con la edición de 1611.
Covarrubias continuó trabajando sobre su diccionario y preparó un Suplemento manuscrito, con nuevas voces y modificaciones destinadas a una futura segunda edición que no llegó a publicar antes de su muerte en 1613.
La edición moderna preparada por Ignacio Arellano y Rafael Zafra reunió por primera vez de forma sistemática la edición de 1611 con ese Suplemento, permitiendo reconstruir con mayor amplitud el proyecto lexicográfico final de Covarrubias.
Por qué importa: el Suplemento demuestra que el Tesoro no era para su autor una obra completamente cerrada. Covarrubias continuó revisando, ampliando y modificando su repertorio, lo que permite estudiar el diccionario como un proyecto intelectual en evolución.
La edición de Benito Remigio Noydens — 1674
En 1674, Benito Remigio Noydens preparó una nueva edición del Tesoro, publicada en Madrid por Melchor Sánchez.
La edición reprodujo el texto de 1611 e incorporó nuevas voces, etimologías y observaciones añadidas por Noydens. Los estudios modernos señalan que también mantuvo buena parte de las erratas de la primera edición y que las adiciones del jesuita terminaron integrándose con frecuencia en reediciones posteriores.
Las ediciones críticas actuales suelen distinguir cuidadosamente entre el texto original de Covarrubias y esas incorporaciones posteriores. La edición integral de Arellano y Zafra, por ejemplo, conserva las adiciones de Noydens en un apéndice para evitar confundirlas con el corpus propio del autor.
Por qué consultarla: permite estudiar cómo una obra lexicográfica podía continuar creciendo después de la muerte de su autor y cómo los editores posteriores intervenían en la transmisión de los diccionarios.
Covarrubias y Nebrija
La comparación entre Sebastián de Covarrubias y Antonio de Nebrija permite recorrer más de un siglo de reflexión sobre la lengua castellana.
Nebrija había publicado en 1492 su Gramática castellana, destinada fundamentalmente a organizar y describir la estructura de la lengua. Covarrubias, en 1611, concentró su proyecto en el vocabulario y, de manera muy especial, en el origen de las palabras.
Ambas obras responden a proyectos diferentes, pero pueden considerarse dos hitos fundamentales de una misma tradición. La consulta conjunta permite observar cómo el castellano pasó a ser objeto de gramática, lexicografía, etimología y reflexión filológica sistemática.
Del Tesoro al Diccionario de autoridades
Más de un siglo después de la publicación de Covarrubias, la Real Academia Española inició el Diccionario de autoridades, cuyos seis volúmenes aparecieron entre 1726 y 1739.
La obra académica utilizó criterios diferentes, especialmente la incorporación sistemática de citas literarias destinadas a documentar el empleo de las palabras. Sin embargo, Covarrubias pertenecía ya a la tradición lexicográfica que los académicos del siglo XVIII podían consultar y aprovechar.
Comparar una voz en el Tesoro y en el Diccionario de autoridades permite estudiar cómo evolucionó la forma de definir, justificar y documentar el vocabulario español entre comienzos del siglo XVII y el nacimiento de la lexicografía académica.
Una fuente para leer el Siglo de Oro
El Tesoro conserva una relación cronológica extraordinariamente cercana con algunos de los grandes escritores del período.
Cuando Covarrubias publicó su obra en 1611, Cervantes todavía vivía; Lope de Vega desarrollaba plenamente su producción teatral; y buena parte de la obra de Quevedo y Góngora pertenecía al mismo horizonte cultural.
Muchas palabras utilizadas en esos textos poseen sentidos, matices o asociaciones diferentes de los actuales. Consultar a Covarrubias permite aproximarse a ellos desde una fuente contemporánea, aunque sus definiciones deban siempre interpretarse críticamente.
Por esta razón, el Tesoro continúa siendo un instrumento de gran valor para la edición, explicación y comentario filológico de la literatura del Siglo de Oro.
Traducciones y recepción internacional
El carácter del Tesoro plantea un problema diferente al de una novela o un tratado filosófico.
No se ha localizado para esta selección una traducción íntegra histórica al inglés o al francés disponible en un repositorio digital institucional que pueda presentarse como equivalente del original. Su recepción internacional ha tenido lugar principalmente mediante ediciones críticas, estudios lexicográficos y trabajos dedicados a aspectos concretos de sus contenidos.
Esto no significa que otras lenguas estén ausentes de la obra. Covarrubias utiliza precisamente comparaciones con diversas lenguas para explicar voces españolas, y la presencia del francés ha generado incluso estudios específicos de carácter lingüístico y traductológico.
Para Eco del Siglo, es preferible mantener esta distinción: una investigación sobre la presencia de otra lengua en el Tesoro no equivale a una traducción completa del diccionario.
Una edición digital académica en Oxford
La Taylor Institution Library de la Universidad de Oxford mantiene además un proyecto digital experimental dedicado al Tesoro.
La edición digital reproduce una selección de entradas y presenta la obra como el primer diccionario monolingüe del castellano, destacando además su importancia dentro de la lexicografía europea en lenguas vernáculas.
Consultar la edición digital del Tesoro en Taylor Editions, Oxford
Por qué consultarla: aunque no contiene íntegramente las aproximadamente once mil entradas de la obra, muestra cómo puede transformarse un diccionario histórico en una edición digital estructurada y reutilizable para investigación filológica.
Una obra entre lengua y cultura
El Tesoro de la lengua castellana o española resulta especialmente apropiado para una sección dedicada a Lengua y Filología porque muestra que el vocabulario es también patrimonio cultural.
Una palabra puede conservar la memoria de un objeto desaparecido; una definición puede registrar una antigua creencia; una etimología puede revelar cómo los eruditos entendían las relaciones entre las lenguas; y un refrán puede preservar una forma histórica de interpretar la experiencia cotidiana.
En Covarrubias, las palabras dejan así de ser unidades aisladas y se convierten en pequeños documentos sobre una sociedad y su manera de comprender el mundo.
Fuentes y repositorios
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Reproduce el ejemplar de 1611 conservado en el Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla.
Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico
Ofrece otro ejemplar de la edición madrileña de 1611, procedente de la Universidad Complutense y disponible bajo licencia CC BY.
Biblioteca Nacional de España
Conserva, entre otros fondos, el ejemplar R/6388 de la edición original.
Biblioteca Virtual de la Filología Española
Documenta diferentes ejemplares de la edición de 1611 conservados en bibliotecas españolas y extranjeras, incluida la Österreichische Nationalbibliothek de Viena.
Taylor Institution Library — University of Oxford
Mantiene una edición digital parcial y estructurada del Tesoro.
Palabras clave
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