Corea del Norte exhibe su arsenal mientras China y Estados Unidos disputan el equilibrio estratégico de la península

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SEÚL.— El lanzamiento de alrededor de diez misiles balísticos de corto alcance por Corea del Norte este jueves 20 de agosto volvió a colocar la península coreana en el centro de las tensiones estratégicas de Asia, precisamente cuando Estados Unidos intenta reabrir el diálogo con Kim Jong Un y China reclama a Corea del Sur que evite alinearse con Washington en la creciente competencia entre las dos potencias.

Los proyectiles partieron de la región de Pyongyang y recorrieron unos 300 kilómetros antes de caer en aguas situadas al este de la península, según las autoridades militares surcoreanas. Associated Press confirmó que se trató de alrededor de diez misiles balísticos de corto alcance.

Japón detectó también los lanzamientos y señaló que al menos uno de los proyectiles cayó fuera de su zona económica exclusiva. La reacción japonesa se produce en un momento en que Tokio está ampliando considerablemente sus capacidades defensivas. Eco del Siglo analizó recientemente cómo Japón vincula su expansión militar con el deterioro del entorno estratégico regional, en el que identifica tanto a China como al programa nuclear y misilístico norcoreano entre sus principales preocupaciones.

La dimensión del desafío quedó reforzada pocas horas después de los lanzamientos. El ministro de Defensa surcoreano, Ahn Gyu-back, estimó ante legisladores que Corea del Norte dispone actualmente de entre 80 y 120 ojivas nucleares.

La cifra no constituye un inventario oficial verificable. Ahn precisó que el cálculo procede de estimaciones realizadas por instituciones privadas y que las propias Fuerzas Armadas surcoreanas no pueden determinar el número exacto. Sin embargo, Reuters informó que incluso el límite inferior de esa estimación supera las 57 armas nucleares mencionadas recientemente por Donald Trump.

La diferencia entre los cálculos ilustra una de las principales incertidumbres que rodean el programa norcoreano: Pyongyang no publica información verificable sobre el número de armas que ha producido y las evaluaciones internacionales dependen en gran medida de estimaciones sobre sus reservas de plutonio y uranio altamente enriquecido.

Corea del Sur mantiene oficialmente su negativa a reconocer al Norte como una potencia nuclear y continúa dependiendo de la disuasión extendida estadounidense. El Gobierno surcoreano ha reiterado además su oposición a desarrollar armas nucleares propias o a recibir nuevamente armas tácticas estadounidenses.

Trump intenta recuperar la vía diplomática

El lanzamiento coincide con un movimiento significativo de Washington. Trump ordenó reducir los ejercicios Ulchi Freedom Shield, desarrollados conjuntamente por Estados Unidos y Corea del Sur, y manifestó su intención de volver a reunirse con Kim Jong Un durante este año.

Washington pretende demostrar que existe margen para reconstruir el diálogo interrumpido tras la cumbre de Hanói de 2019. Aquel encuentro terminó sin acuerdo debido fundamentalmente a las diferencias sobre el levantamiento de sanciones internacionales y las medidas de desnuclearización exigidas a Pyongyang.

La respuesta norcoreana ha sido cautelosa. Kim Yo Jong, hermana del dirigente y figura central de la estructura política del régimen, consideró que la reducción de las maniobras no modifica sustancialmente la política estadounidense hacia Corea del Norte. Sin embargo, mantuvo abierta una pequeña puerta al reconocer el buen vínculo personal entre Trump y Kim Jong Un.

El contraste es significativo: mientras Washington reduce parcialmente sus ejercicios y habla nuevamente de una cumbre, Pyongyang continúa demostrando capacidad militar y ampliando un arsenal nuclear cuyo tamaño resulta cada vez más difícil de determinar.

China reclama autonomía estratégica a Corea del Sur

A esa relación bilateral se añade ahora con mayor claridad la variable china.

Durante su visita a Seúl, el ministro de Exteriores de China, Wang Yi, pidió a Corea del Sur que evite tomar partido en la confrontación estratégica entre Pekín y Washington y desarrolle una mayor “autonomía estratégica”. Según Reuters, el jefe de la diplomacia china atribuyó el núcleo de las tensiones de la península a la política que Estados Unidos mantiene hacia Corea del Norte y reclamó un retorno al diálogo.

La posición china refleja un problema más amplio para Seúl. Corea del Sur depende de Estados Unidos para su seguridad, pero mantiene con China una relación económica de enorme importancia. Pekín quiere impedir que la arquitectura de alianzas estadounidenses en Asia termine transformándose en un bloque estratégico dirigido contra China.

Ese mismo dilema aparece en otros escenarios del Indo-Pacífico. Las recientes maniobras entre las armadas de China e Indonesia al este de Taiwán mostraron cómo incluso operaciones militares limitadas adquieren una dimensión política en una región crecientemente condicionada por la competencia sino-estadounidense.

Wang Yi sostuvo además que las relaciones entre China y Corea del Sur se encuentran en proceso de recuperación. Pekín está considerando una cumbre entre Xi Jinping y el presidente surcoreano Lee Jae Myung durante la reunión de APEC prevista para noviembre, mientras ambos gobiernos buscan ampliar sus relaciones económicas y estabilizar las cadenas de suministro.

La dimensión económica no es menor. China continúa siendo una pieza central de las cadenas productivas asiáticas y Eco del Siglo informó recientemente que las exportaciones chinas han seguido creciendo pese a las nuevas barreras comerciales estadounidenses.

Una península dentro de una disputa mayor

Los nuevos misiles norcoreanos no modifican por sí solos el equilibrio estratégico regional. Su importancia reside en el contexto en el que fueron disparados.

Trump intenta recuperar la diplomacia con Kim Jong Un y reduce parcialmente las maniobras militares; Pyongyang responde demostrando que conserva su capacidad misilística; Corea del Sur revela estimaciones que sitúan el arsenal nuclear norcoreano entre 80 y 120 ojivas; y China aprovecha simultáneamente su presencia diplomática en Seúl para reclamar que el país mantenga distancia de la estrategia estadounidense.

La península coreana vuelve así a mostrar que su conflicto ya no puede entenderse únicamente como una confrontación entre Norte y Sur. Es también uno de los escenarios donde se cruzan la alianza de Estados Unidos con Corea del Sur y Japón, el ascenso estratégico de China, el programa nuclear norcoreano y la transformación general del equilibrio de poder en el Indo-Pacífico.

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