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El petróleo roza los 95 dólares mientras la guerra en Oriente Medio vuelve a amenazar la economía mundial

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El Brent alcanzó un máximo intradiario de 95,24 dólares y cerró en 94,07 dólares, su mayor nivel en seis semanas. Las amenazas contra el estrecho de Ormuz y Bab el-Mandeb aumentan el riesgo de nuevas perturbaciones energéticas, mayor inflación y tipos de interés elevados.

LONDRES / NUEVA YORK, 22 de julio de 2026.— El precio internacional del petróleo registró este miércoles una fuerte subida ante la intensificación de los ataques entre Estados Unidos e Irán y las nuevas amenazas contra dos de las rutas marítimas más importantes para el abastecimiento energético mundial.

Los futuros del crudo Brent, referencia para buena parte del mercado internacional, alcanzaron durante la sesión un máximo de 95,24 dólares por barril. Posteriormente moderaron parte de la subida y cerraron en 94,07 dólares, con un incremento de 3,06 dólares, equivalente al 3,36 %.

El estadounidense West Texas Intermediate (WTI) terminó la jornada en 86,83 dólares por barril, después de avanzar 2,49 dólares. Ambos contratos alcanzaron sus niveles más altos desde el 11 de junio. Reuters atribuyó el movimiento a la escalada militar y al creciente peligro sobre las rutas de exportación de Oriente Medio.

La subida profundizó una tendencia que Eco del Siglo ya había analizado el 20 de julio, cuando el Brent superó los 90 dólares y los mercados comenzaron a valorar el riesgo de una interrupción más extensa del suministro. Puede consultarse ese antecedente en El petróleo supera los 90 dólares mientras el mercado mide el riesgo de una interrupción energética mundial.

Nuevos ataques y amenazas contra la navegación

Estados Unidos llevó a cabo una nueva noche de ataques contra objetivos iraníes. El Comando Central de Estados Unidos afirmó que las operaciones buscaban reducir la capacidad de Irán para amenazar a los marinos civiles y a los buques comerciales que transitan por las aguas regionales.

El presidente estadounidense, Donald Trump, advirtió además que su país atacaría infraestructura iraní cada vez que las fuerzas de Teherán dispararan contra una embarcación en el estrecho de Ormuz. Irán, por su parte, ha mantenido su presión sobre esa vía marítima mientras las gestiones diplomáticas continúan sin avances públicos significativos. Associated Press confirmó la continuidad de los ataques y el deterioro de las negociaciones.

La Guardia Revolucionaria iraní advirtió sobre la posible utilización de minas en el estrecho de Ormuz, una amenaza que elevó la percepción de riesgo entre operadores, aseguradoras y compañías navieras.

A la tensión en el golfo Pérsico se añadió la amenaza de los hutíes de Yemen, aliados de Irán, de interrumpir los envíos de petróleo saudita a través de Bab el-Mandeb, el paso que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén.

Cuatro petroleros que transportaban crudo de Arabia Saudita hacia Asia cambiaron de rumbo después de esa advertencia, según Reuters. La amenaza no implica que Bab el-Mandeb se encuentre completamente cerrado, pero demuestra que el conflicto comienza a afectar las decisiones operativas de las compañías navieras.

Dos corredores estratégicos bajo presión

El estrecho de Ormuz es una de las arterias centrales del comercio energético mundial. Por esa vía circula una parte sustancial del petróleo y del gas natural licuado exportados desde el golfo Pérsico hacia Asia, Europa y otros mercados.

Bab el-Mandeb desempeña una función diferente, pero igualmente estratégica, porque permite conectar el océano Índico con el mar Rojo, el canal de Suez y el Mediterráneo.

Un bloqueo simultáneo o una perturbación grave de ambos pasos podría afectar las rutas utilizadas por más de una cuarta parte del petróleo y el gas transportados mundialmente por vía marítima, según el análisis de Reuters. No significa que esa proporción del suministro ya se encuentre interrumpida, sino que representa el volumen potencialmente expuesto si los dos corredores quedaran paralizados.

La Administración de Información Energética de Estados Unidos considera los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb puntos críticos del sistema energético internacional porque existen pocas rutas alternativas con capacidad suficiente para reemplazarlos.

Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos cuentan con oleoductos que permiten evitar parcialmente Ormuz. Sin embargo, esas infraestructuras no pueden sustituir por completo el volumen que normalmente atraviesa el estrecho.

El mercado muestra señales de tensión inmediata

La diferencia entre el precio de los contratos del Brent de entrega cercana y los correspondientes a tres meses aumentó hasta 9,26 dólares por barril.

Esta estructura, conocida en los mercados como backwardation, significa que los compradores están dispuestos a pagar más por recibir petróleo inmediatamente que por recibirlo en una fecha posterior. Una diferencia amplia suele reflejar una fuerte demanda inmediata o preocupación por la disponibilidad física del producto.

La reacción no se limitó al petróleo. Los rendimientos de los bonos estadounidenses aumentaron ante el temor de que la energía vuelva a ejercer presión sobre la inflación.

El rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a dos años alcanzó su nivel más alto en 17 meses, mientras que el de los títulos a diez años subió hasta aproximadamente el 4,66 %. Los bonos a corto plazo suelen reaccionar con especial sensibilidad a las expectativas sobre la política monetaria.

En Wall Street, el Dow Jones se mantuvo prácticamente sin cambios, el S&P 500 retrocedió alrededor del 0,1 % y el Nasdaq Composite perdió un 0,57 %, aunque la jornada también estuvo condicionada por los resultados empresariales del sector tecnológico.

El petróleo vuelve a complicar la lucha contra la inflación

El encarecimiento sostenido del crudo puede transmitirse al conjunto de la economía mediante el precio de la gasolina, el diésel, la aviación, el transporte marítimo, los fertilizantes, la electricidad y numerosos bienes industriales.

Las empresas que afrontan mayores gastos de energía y logística pueden trasladar una parte de esos costes a los consumidores. Ese proceso no es automático ni uniforme, pero aumenta el riesgo de que la inflación permanezca elevada durante más tiempo.

La preocupación resulta especialmente relevante porque los principales bancos centrales todavía no han declarado concluida su lucha contra el aumento de los precios.

El Banco Central Europeo debe comunicar este jueves su decisión monetaria, mientras la Reserva Federal de Estados Unidos se reunirá la próxima semana. Los mercados esperan que ambas instituciones mantengan sin cambios sus tipos en las reuniones inmediatas.

Sin embargo, los datos recopilados por LSEG indican que los operadores contemplan al menos una subida de 25 puntos básicos tanto en Estados Unidos como en la eurozona antes de finalizar 2026. Por tanto, el nuevo avance del petróleo podría reforzar la cautela monetaria y prolongar el coste elevado del crédito.

El economista jefe del Banco Mundial, Indermit Gill, advirtió que una escalada prolongada podría reactivar la inflación, elevar los tipos de interés y reducir el crecimiento mundial hasta cerca del 1,3 %, frente al 2,9 % registrado el año anterior. Esta es una hipótesis de riesgo, no una previsión inevitable, y dependerá de la duración y profundidad del conflicto.

Asia concentra la mayor exposición

Las economías asiáticas son particularmente vulnerables porque absorben gran parte de los hidrocarburos que atraviesan Ormuz.

De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, los mercados asiáticos recibieron en 2025 cerca del 80 % del petróleo crudo y casi el 90 % del gas natural licuado transportados a través del estrecho.

En una reunión con los ministros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) celebrada en Manila, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, advirtió que la pretensión iraní de controlar el tránsito y cobrar por el paso de embarcaciones en Ormuz amenazaría la economía mundial y establecería un precedente peligroso para la libertad de navegación.

Los gobiernos del sudeste asiático reclamaron el cese de las hostilidades y la reapertura plena del estrecho. La ministra australiana de Asuntos Exteriores, Penny Wong, señaló que la situación podría deteriorarse rápidamente y pidió un alto el fuego y el retorno a las negociaciones. Associated Press informó que la crisis energética ya está afectando con especial intensidad a la región.

Países importadores como India, Japón y Corea del Sur pueden sufrir simultáneamente mayores costes energéticos, presiones sobre sus monedas y un deterioro de sus balanzas comerciales.

En India, la rupia cayó este miércoles a su nivel más bajo en dos meses, afectada en parte por el aumento del petróleo. El encarecimiento del crudo supone un riesgo especial para el país debido a su fuerte dependencia de las importaciones energéticas.

Análisis: de una crisis regional a un riesgo mundial

La subida del Brent hasta superar temporalmente los 95 dólares no constituye por sí sola una nueva crisis petrolera mundial. El mercado todavía cuenta con reservas estratégicas, fuentes de producción diversificadas y algunas rutas alternativas capaces de amortiguar parcialmente las interrupciones.

Sin embargo, el movimiento revela que la guerra ha dejado de ser únicamente un conflicto militar. Sus efectos comienzan a extenderse hacia la energía, el transporte, las monedas, los bonos y las decisiones de los bancos centrales.

El principal peligro reside en la duración. Una amenaza puntual puede producir una subida transitoria del petróleo. Una interrupción prolongada de Ormuz o Bab el-Mandeb, en cambio, elevaría los costes de transporte, reduciría la disponibilidad inmediata de crudo y obligaría a rediseñar las rutas comerciales.

La economía mundial podría entonces enfrentarse a una combinación especialmente difícil: inflación más alta y crecimiento más débil.

Los bancos centrales pueden contener la demanda mediante tipos de interés elevados, pero no pueden producir petróleo, proteger petroleros ni reabrir corredores marítimos. Esa limitación hace que las conmociones energéticas sean particularmente complejas para la política económica.

Una política monetaria más restrictiva podría frenar el consumo, la inversión y el empleo. Pero una respuesta demasiado tolerante podría permitir que el encarecimiento de la energía se trasladara a otros precios y se incorporara a las expectativas de empresas y consumidores.

Los efectos también serían desiguales. Los países exportadores de hidrocarburos podrían recibir ingresos extraordinarios, mientras los importadores sufrirían mayores facturas energéticas y presiones sobre sus monedas.

Las economías emergentes con bajo crecimiento, monedas debilitadas o escaso margen fiscal serían las más expuestas. Para ellas, pagar más por el petróleo puede significar menos recursos disponibles para infraestructura, políticas sociales y desarrollo productivo.

El Brent todavía permanece por debajo de los máximos superiores a 100 dólares registrados durante etapas anteriores de la guerra. No obstante, el cierre en 94,07 dólares y la ampliación de la diferencia entre los contratos inmediatos y futuros muestran que el mercado percibe un riesgo creciente para el suministro.

Si las amenazas sobre Ormuz y Bab el-Mandeb se mantienen, la barrera de los 100 dólares podría volver a situarse en el centro de las expectativas. Ese escenario no está asegurado, pero ya no puede considerarse remoto.

La evolución de la guerra en Oriente Medio vuelve así a convertirse en uno de los principales factores de incertidumbre para la economía global.

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