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Sánchez Berzaín advierte que China encabeza la principal amenaza autoritaria contra las democracias

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El director ejecutivo del Interamerican Institute for Democracy sostuvo que la inteligencia artificial, la vigilancia tecnológica y la expansión económica china están fortaleciendo a los regímenes autoritarios de América Latina. El instituto anunció la creación de un comité especializado para estudiar la influencia de Pekín en el hemisferio occidental.

MIAMI.— El director ejecutivo del Interamerican Institute for Democracy (IID), Carlos Sánchez Berzaín, advirtió que la transformación tecnológica del orden internacional está ampliando las capacidades de vigilancia y control de los Estados autoritarios, y señaló a la República Popular China como la principal potencia que amenaza actualmente a las democracias del mundo.

Las declaraciones fueron formuladas durante sus comentarios a la presentación académica titulada “Democracia, transformación del orden global y el futuro del hemisferio occidental”, expuesta por el analista estadounidense Robert Evan Ellis con motivo de su incorporación al directorio del instituto.

Sánchez Berzaín afirmó que el trabajo de Ellis identifica algunos de los desafíos más graves que enfrentan las democracias en una etapa marcada por la polarización política, el debilitamiento del Estado de derecho, la manipulación de las instituciones y el empleo de nuevas tecnologías para reforzar el poder gubernamental.

El IID, con sede en Miami, trabaja en la promoción de la libertad, la democracia, los derechos humanos y la institucionalidad en las Américas. En la sesión participaron miembros de su directorio y personalidades de distintos países, entre ellos el expresidente ecuatoriano Osvaldo Hurtado, el exvicepresidente colombiano Francisco Santos, el exembajador venezolano Diego Arria y el exprisionero político cubano Armando Valladares.

Libertad individual y gobierno limitado

Sánchez Berzaín destacó que Ellis inició su exposición recordando que los dos fundamentos esenciales de una democracia son la libertad individual y la limitación del poder gubernamental.

Bajo esta concepción, la democracia no puede reducirse a la celebración periódica de elecciones ni a la existencia formal de instituciones. Requiere controles y contrapesos efectivos, independencia de los poderes públicos, respeto a la ley y garantías capaces de proteger al individuo frente a los abusos del Estado.

El director del IID señaló que muchas democracias se encuentran sometidas a una presión creciente debido a la polarización de las sociedades y a la disposición de determinados dirigentes y movimientos políticos a incumplir las reglas cuando estas obstaculizan sus objetivos.

Esa tendencia se manifiesta cuando líderes elegidos democráticamente utilizan su mandato para modificar las leyes, intimidar a los tribunales, controlar los parlamentos y eliminar progresivamente los límites constitucionales a su poder.

Sánchez Berzaín sostuvo que este proceso permitió el “secuestro” de sistemas democráticos en países como Venezuela, Nicaragua y Bolivia, donde movimientos populistas llegaron al Gobierno mediante elecciones y posteriormente debilitaron o sometieron a los organismos encargados de controlar al poder político.

Según el análisis presentado en el instituto, el deterioro democrático no comienza necesariamente con un golpe de Estado tradicional. Puede desarrollarse mediante la manipulación gradual de las reglas, el sometimiento de las instituciones y la aceptación social de que la legalidad puede ser vulnerada para conseguir determinados resultados.

Tecnología, polarización y deterioro del debate público

Uno de los ejes centrales de la exposición fue el impacto de la revolución tecnológica sobre la calidad de la democracia.

Sánchez Berzaín citó la advertencia de Ellis sobre la hiperconectividad generada por Internet y las redes sociales. Estas herramientas ampliaron enormemente la capacidad de las personas para comunicarse, acceder a información y participar en el debate público, pero también contribuyeron a fragmentar y distorsionar las conversaciones políticas.

Las plataformas digitales permiten que los usuarios se agrupen en comunidades ideológicamente homogéneas, en las que predominan los sesgos de confirmación y disminuye el contacto con opiniones diferentes.

Los algoritmos utilizados por redes como TikTok e Instagram seleccionan y presentan contenidos en función de las preferencias previas de cada usuario. Este mecanismo puede reforzar posiciones extremas, fomentar la polarización y convertir el espacio público en una suma de grupos aislados que reciben versiones distintas de la realidad.

La expansión de la inteligencia artificial introduce un desafío adicional. Las nuevas herramientas facilitan la búsqueda, recopilación y procesamiento de información, pero también permiten producir imágenes, grabaciones, documentos y noticias falsas con una rapidez y un grado de realismo antes desconocidos.

Ellis sostuvo que la facilidad para fabricar o distorsionar contenidos puede alimentar el cinismo público y erosionar la confianza en las instituciones, los medios de comunicación y los procesos electorales.

Cuando la ciudadanía deja de saber qué información es auténtica y comienza a sospechar que cualquier prueba puede haber sido manipulada, el debate democrático pierde una parte esencial de su base común.

El modelo chino de vigilancia estatal

El aspecto más grave del análisis, según Sánchez Berzaín, es la utilización de la tecnología para fortalecer el control del Estado sobre el individuo.

El director del IID señaló que esta realidad puede observarse con especial claridad en la República Popular China, donde el reconocimiento facial, las cámaras de vigilancia, los sistemas de control de Internet y la recopilación masiva de información financiera y personal permiten al Gobierno seguir y condicionar las actividades de la población.

Ellis comparó esta estructura con el panóptico, la concepción de una arquitectura de vigilancia en la que el individuo se comporta como si estuviera permanentemente observado, aunque desconozca cuándo está siendo vigilado.

Sánchez Berzaín afirmó que la combinación de cámaras, bases de datos, controles digitales y restricciones al transporte o a las comunicaciones ha convertido ese concepto filosófico en una realidad tecnológica.

El problema no se limita al territorio chino. Pekín exporta equipos, infraestructuras de telecomunicaciones, sistemas de reconocimiento facial y modelos de gestión de datos a numerosos países, incluidos gobiernos autoritarios de América Latina.

Según el análisis presentado ante el IID, esta transferencia tecnológica proporciona a los regímenes aliados de China herramientas que pueden ser empleadas para identificar opositores, vigilar protestas, controlar comunicaciones y dificultar la organización de movimientos ciudadanos.

Cuba, Venezuela y Nicaragua

Sánchez Berzaín advirtió que las empresas y organismos chinos han compartido tecnologías con gobiernos autoritarios como los de Cuba, Venezuela y Nicaragua, contribuyendo a prolongar su permanencia en el poder.

Como ejemplo, mencionó el uso que hizo el régimen cubano de su infraestructura de telecomunicaciones durante las protestas del 11 de julio de 2021, cuando miles de ciudadanos salieron a las calles en diferentes ciudades para reclamar libertad, alimentos, medicinas y cambios políticos.

El Gobierno cubano restringió el acceso a Internet y bloqueó parcialmente las comunicaciones durante las manifestaciones, dificultando la coordinación de los participantes y la difusión de imágenes hacia el exterior.

Para Sánchez Berzaín, ese episodio demuestra cómo una infraestructura presentada inicialmente como una herramienta para el desarrollo puede convertirse en un mecanismo de control político cuando se encuentra sometida a un régimen sin controles institucionales.

La tecnología, subrayó, no posee por sí misma una orientación democrática o autoritaria. Su impacto depende de las reglas, instituciones y límites dentro de los cuales se utiliza.

En una democracia, la recopilación de datos y la vigilancia deben estar sometidas a la ley, al control judicial y a garantías para la protección de la privacidad. En una dictadura, las mismas herramientas pueden ponerse al servicio de la persecución y la conservación indefinida del poder.

El antecedente venezolano y un momento de cambio

A pesar de la gravedad del diagnóstico, Sánchez Berzaín sostuvo que el hemisferio atraviesa también un momento que permite cierto optimismo.

El director del IID relacionó ese cambio con la modificación de la política exterior estadounidense y con la operación del 3 de enero de 2026, cuando fuerzas estadounidenses capturaron y trasladaron a Nicolás Maduro fuera de Venezuela para que enfrentara cargos penales en Estados Unidos. La acción abrió un escenario político todavía incierto, debido a que parte de la estructura del chavismo permaneció en el poder bajo la conducción interina de Delcy Rodríguez.

Sánchez Berzaín interpretó la captura de Maduro como una señal de que los regímenes que define como “dictaduras de delincuencia organizada transnacional” comienzan a ser arrinconados.

No obstante, reconoció que los cambios posteriores no han sido tan rápidos ni tan profundos como esperan los sectores democráticos venezolanos.

La caída de un dirigente autoritario, advirtió implícitamente su análisis, no garantiza por sí sola la recuperación de la democracia. Para que exista una transición real deben restablecerse la independencia de las instituciones, los derechos políticos, la libertad de prensa y la posibilidad de celebrar elecciones competitivas.

La experiencia venezolana muestra además que las estructuras autoritarias pueden sobrevivir a la salida de su principal dirigente si conservan el control de las fuerzas armadas, los tribunales, la administración pública y los recursos económicos.

La sombra de la potencia autoritaria más poderosa

Sánchez Berzaín sostuvo que la captura de Maduro y la presión sobre los regímenes autoritarios latinoamericanos no deben impedir que las democracias observen una amenaza de mayor alcance: el creciente poder internacional de China.

La República Popular China dispone de una combinación excepcional de recursos financieros, capacidad tecnológica, influencia comercial y poder político.

A diferencia de las dictaduras latinoamericanas, cuya supervivencia depende con frecuencia del apoyo económico y diplomático externo, China posee la capacidad de sostener a gobiernos aliados, financiar infraestructuras estratégicas y ofrecer alternativas a las condiciones impuestas por las democracias occidentales.

Sánchez Berzaín afirmó que Pekín representa actualmente la dictadura más poderosa del mundo y lidera la amenaza global contra las democracias.

Esta evaluación no significa que toda relación económica con China sea necesariamente autoritaria o ilegítima, sino que obliga a examinar las condiciones políticas, financieras y estratégicas asociadas a sus inversiones.

El riesgo aumenta cuando proyectos aparentemente comerciales otorgan a empresas vinculadas con el Estado chino acceso a puertos, redes de telecomunicaciones, infraestructuras energéticas, tierras agrícolas o recursos naturales de importancia estratégica.

Panamá, Perú, Argentina, Brasil y Bolivia

El director del IID repasó varios ejemplos de la presencia china en América Latina.

Se refirió al control y la influencia ejercidos sobre instalaciones vinculadas con el Canal de Panamá, una de las rutas más importantes para el comercio mundial y para la seguridad marítima del hemisferio.

También mencionó el desarrollo de un importante puerto en Perú, en referencia a la creciente participación china en la infraestructura portuaria del Pacífico sudamericano.

Sánchez Berzaín advirtió sobre la adquisición o control de tierras en Argentina y cuestionó la estrecha relación del Gobierno brasileño de Luiz Inácio Lula da Silva con Pekín, al que describió críticamente como un gobierno “paradictatorial”.

La expresión constituye una valoración política del director del IID y no una clasificación institucional generalmente aceptada sobre el sistema brasileño.

Respecto de Bolivia, Sánchez Berzaín denunció una presencia china insuficientemente transparente en la explotación de recursos naturales y acusó a las autoridades bolivianas de permitir prácticas de extracción y apropiación de riquezas.

Comparó esa situación con la explotación ilegal de oro en Venezuela, Perú y Ecuador, actividades que han provocado daños ambientales, violencia y expansión de economías criminales.

Estas denuncias requieren ser examinadas individualmente y respaldadas con documentación específica sobre empresas, contratos, concesiones y autoridades responsables. No obstante, plantean una cuestión regional legítima: la debilidad institucional de varios Estados latinoamericanos frente a inversiones procedentes de potencias con grandes recursos financieros.

Corrupción e influencia autoritaria

Sánchez Berzaín sostuvo que una de las ventajas de China frente a las democracias occidentales es su disposición a operar en contextos donde la corrupción forma parte del mecanismo de influencia.

En los sistemas democráticos, la corrupción constituye una violación de la ley y un elemento que deteriora la legitimidad de las instituciones. Los contratos públicos deben estar sometidos a controles administrativos, judiciales y parlamentarios.

Los regímenes autoritarios, en cambio, pueden utilizar pagos opacos, intermediarios políticos y acuerdos reservados como instrumentos para asegurar decisiones favorables.

Según el director del IID, China dispone de dinero, tecnología y capacidad de inversión que resultan especialmente atractivos para gobiernos con instituciones débiles.

Cuando los préstamos y proyectos no están sometidos a transparencia, competencia pública ni fiscalización independiente, pueden generar dependencia económica, comprometer recursos estratégicos y fortalecer redes locales de corrupción.

Sánchez Berzaín vinculó este problema con la idea de decencia planteada por Ellis al final de su exposición.

La democracia no puede sostenerse únicamente mediante reglas formales. Requiere también dirigentes, funcionarios y ciudadanos dispuestos a respetar límites éticos, rechazar la corrupción y anteponer las instituciones a los beneficios personales o partidarios.

El riesgo de adoptar soluciones autoritarias

Sánchez Berzaín reprodujo una de las principales advertencias formuladas por Ellis sobre el futuro del orden mundial.

En momentos de crisis económica, inseguridad o desorden político, algunos gobiernos pueden sentirse tentados a adoptar métodos autoritarios que prometen resultados rápidos.

China ofrece un modelo en el que el Estado concentra capacidad de planificación, vigilancia y decisión sin aceptar controles democráticos, alternancia política ni libertad plena de expresión.

Para sociedades afectadas por la delincuencia, el desempleo o la ineficiencia estatal, este modelo puede presentarse como una alternativa eficaz.

Ellis advirtió, sin embargo, que entregar más poder al Estado a expensas del individuo conduce históricamente a la opresión y la miseria.

Las restricciones que comienzan como medidas supuestamente temporales para resolver una emergencia suelen convertirse en mecanismos permanentes de control.

Una vez destruidas las instituciones y concentrado el poder, la recuperación de la libertad exige un costo humano, social y económico enorme.

La decencia como principio democrático

El nuevo director del IID concluyó su presentación recomendando concentrarse en un concepto fundamental: la decencia.

Sánchez Berzaín recogió esa idea como una síntesis ética del desafío que enfrentan las democracias.

La decencia implica respetar al adversario político, cumplir las reglas incluso cuando el resultado no favorece al propio sector, rechazar la mentira deliberada y reconocer que ningún objetivo político justifica la destrucción de las libertades fundamentales.

También supone que los gobiernos democráticos no pueden combatir al autoritarismo reproduciendo sus métodos.

La defensa de la democracia exige eficacia, pero también límites. Un sistema pierde legitimidad cuando utiliza la censura, la manipulación, la vigilancia indiscriminada o la persecución política que denuncia en sus adversarios.

El IID crea un comité de estudios sobre China

Al concluir su intervención, Sánchez Berzaín anunció la creación de un comité de estudios chinos dentro del Interamerican Institute for Democracy.

El nuevo organismo estará dirigido por Robert Evan Ellis y tendrá como finalidad estudiar las amenazas, influencias y efectos de la expansión china en las Américas.

El comité analizará la presencia económica, tecnológica y política de Pekín, así como sus relaciones con gobiernos autoritarios y su participación en sectores estratégicos.

Sánchez Berzaín afirmó que la incorporación de Ellis amplía la capacidad académica del instituto para examinar una realidad que considera determinante para el futuro de la democracia regional.

La presentación de Ellis y los comentarios de Sánchez Berzaín fueron difundidos públicamente por el propio IID bajo el título “Democracia, transformación del orden global y el futuro del hemisferio occidental”.

El desafío para las democracias, concluyó el director del instituto, no consiste únicamente en derrotar o sustituir a los regímenes autoritarios existentes. También requiere comprender las tecnologías, redes financieras y alianzas internacionales que permiten su supervivencia.

En ese escenario, China aparece como un actor central: una potencia capaz de combinar inversión, comercio, tecnología y cooperación política con un modelo que privilegia el poder del Estado por encima de la libertad individual.

Para Sánchez Berzaín, la respuesta democrática debe apoyarse en el Estado de derecho, la limitación del poder, la transparencia, la defensa de los derechos humanos y la decencia pública.

De lo contrario, las sociedades que busquen soluciones inmediatas a sus crisis pueden terminar entregando libertades que después resultará extremadamente difícil recuperar.

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