La primera reunión presencial entre ambos mandatarios desde el comienzo de la guerra se celebra mientras Estados Unidos mantiene suspendidos sus bombardeos y explora una salida diplomática con Teherán. Israel llevará a Washington nueva información sobre el programa nuclear iraní y buscará evitar que la pausa permita a la República Islámica reconstruir sus capacidades estratégicas.
WASHINGTON.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se reúnen este martes 28 de julio en la Casa Blanca para definir la siguiente fase de la estrategia frente a Irán, en medio de una pausa en los ataques estadounidenses y de gestiones diplomáticas destinadas a impedir una nueva escalada regional.
El encuentro es el primero que mantienen personalmente desde el comienzo de la guerra contra Irán y llega cuando la relación entre ambos aliados muestra diferencias sobre la duración de la pausa militar, el valor de las negociaciones con Teherán y las condiciones bajo las cuales Washington podría reanudar sus operaciones. Associated Press señaló que Trump ha manifestado frustración ante algunas actuaciones y declaraciones públicas del gobierno israelí, aunque Estados Unidos e Israel siguen compartiendo el objetivo de impedir que Irán desarrolle un arma nuclear.
La reunión se produce después de casi dos semanas de ataques estadounidenses sobre objetivos iraníes. Washington y Teherán suspendieron temporalmente sus operaciones mientras intermediarios regionales intentan recuperar una vía diplomática y alcanzar entendimientos sobre la navegación por el estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más importantes del mundo.
Trump sostiene que su gobierno mantiene conversaciones profundas con las autoridades iraníes, pero ha advertido que Estados Unidos podría volver a emplear la fuerza si las negociaciones fracasan. La posición estadounidense combina, por tanto, la apertura de una posible salida diplomática con la amenaza de una operación militar de mayor alcance.
Netanyahu llega a Washington con una visión más escéptica respecto de las intenciones de Teherán. De acuerdo con Fox News, el primer ministro israelí tenía previsto informar a Trump sobre nueva inteligencia relacionada con el programa nuclear iraní, particularmente sobre la actividad detectada alrededor del complejo conocido como Pickaxe Mountain.
Medios israelíes sostienen que Netanyahu presentará información sobre el presunto traslado o ampliación de infraestructura nuclear en esa zona montañosa. Sin embargo, los detalles completos de esa inteligencia no han sido divulgados públicamente ni corroborados de manera independiente, por lo que deben ser presentados como una evaluación israelí y no como un hecho definitivamente demostrado.
Trump restó importancia públicamente a la información sobre Pickaxe Mountain y expresó malestar porque el asunto hubiera sido difundido antes de la conversación privada. En declaraciones recogidas por The Times of Israel, el presidente afirmó que Netanyahu plantearía el tema para mantener involucrado a Estados Unidos, pero indicó que Washington dispone de sus propios servicios de inteligencia.
El episodio revela una diferencia de enfoque. Netanyahu considera que Irán podría aprovechar la pausa para reconstruir instalaciones y capacidades militares, mientras Trump parece dispuesto a comprobar primero si la combinación de presión, sanciones y negociación puede producir un acuerdo aceptable.
Antes de viajar a Estados Unidos, el primer ministro israelí confirmó que Irán ocuparía el primer lugar de la agenda, aunque añadió que también discutiría la seguridad de Israel y la posible ampliación de los acuerdos regionales de normalización. La visita incluye además su participación en los actos conmemorativos por el fallecido senador republicano Lindsey Graham.
Según un funcionario de la Oficina del Primer Ministro citado por The Times of Israel, Trump y Netanyahu abordarían la manera de “ganar la guerra” y construir una paz duradera. La formulación refleja la intención israelí de presentar la presión militar y la reorganización regional como partes de una misma estrategia.
La disputa sobre la salida diplomática
La pausa militar ha permitido reactivar las gestiones de Omán, país que tradicionalmente ha actuado como intermediario entre Washington y Teherán. Fuentes diplomáticas citadas por The Times of Israel aseguraron que representantes omaníes e iraníes habían avanzado en una propuesta para aclarar las discrepancias sobre la navegación por Ormuz y recuperar mecanismos de cooperación marítima.
Esas fuentes sostienen que Trump habría esperado su reunión con Netanyahu antes de tomar una decisión definitiva. No existe todavía, sin embargo, un acuerdo formal anunciado públicamente por Estados Unidos, Irán y Omán, por lo que cualquier eventual entendimiento continúa sujeto a negociación.
La cuestión de Ormuz resulta central porque el deterioro de la seguridad marítima ha reducido el tránsito comercial y elevado los riesgos para los cargamentos energéticos. Los ataques contra embarcaciones, la actuación de fuerzas iraníes y la respuesta naval estadounidense han contribuido a impulsar los precios del petróleo y de los combustibles, con efectos sobre la inflación internacional.
La crisis energética vinculada al conflicto puede consultarse también en la cobertura de Eco del Siglo sobre el petróleo, mientras los antecedentes políticos y militares están reunidos en las secciones dedicadas a Irán e Israel.
Una agenda regional más amplia
Aunque Irán domina el encuentro, Trump y Netanyahu también tienen previsto examinar la situación en Gaza, la aplicación de los entendimientos relativos al conflicto entre Israel y Hezbolá, las relaciones con Siria y Turquía, el programa nuclear civil de Arabia Saudita y la ampliación de los Acuerdos de Abraham.
Estas cuestiones están conectadas. Una posible normalización entre Israel y Arabia Saudita podría modificar el equilibrio regional, pero Riad condiciona cualquier aproximación a garantías estadounidenses de seguridad y cooperación nuclear. Israel, por su parte, busca preservar su ventaja estratégica y evitar que otros países de Oriente Medio obtengan capacidades susceptibles de convertirse en programas militares.
Las conversaciones sobre Gaza y el Líbano también podrían influir en el grado de respaldo estadounidense a las posiciones israelíes. Associated Press informó que Netanyahu trataría de demostrar su disposición a colaborar en fórmulas de estabilización regional, en un momento en el que crecen las discrepancias dentro de Estados Unidos por la prolongación de los conflictos.
Una alianza firme, pero con diferencias
Washington y Jerusalén mantienen una alianza militar y diplomática estrecha, pero la reunión muestra que la coincidencia sobre el objetivo final no elimina las diferencias sobre el procedimiento.
Trump parece inclinado a comprobar si la presión militar ha creado las condiciones para una negociación favorable. Netanyahu teme que una pausa prolongada permita a Irán dispersar sus instalaciones, reorganizar sus fuerzas y reconstruir capacidades dañadas durante los ataques.
La decisión de mantener la suspensión de las operaciones, transformarla en un acuerdo más estable o regresar a una campaña aérea dependerá de las condiciones aceptadas por Teherán, de la evaluación estadounidense sobre el programa nuclear iraní y de la capacidad de Israel para convencer a Washington de que la amenaza continúa siendo inmediata.
La reunión no constituye, por ello, una consulta rutinaria entre dos aliados. Representa un momento decisivo para establecer si Estados Unidos e Israel mantienen una estrategia coordinada frente a Irán o si comienzan a avanzar por caminos diferentes: Washington hacia una negociación sometida a presión militar e Israel hacia una ofensiva destinada a impedir cualquier reconstrucción de las capacidades iraníes.

